Frecuente no significa normal.
Pérdidas de orina, dolor en las relaciones, reglas que incapacitan, estreñimiento crónico, prolapsos. Se tratan. Y el primer paso es poder contarlo con tranquilidad.
El mismo síntoma puede tener causas diferentes. Y causas similares pueden manifestarse con síntomas distintos. Por eso, antes de iniciar cualquier proceso de rehabilitación, dedicamos tiempo a comprender qué está ocurriendo en cada mujer.
Muchas mujeres llegan a consulta pensando que tienen un único problema: «se me escapa el pis», «voy demasiadas veces al baño», «me cuesta orinar» o «tengo cistitis continuamente». En nuestra Unidad no centramos la atención en el diagnóstico, sino en comprender cómo está funcionando tu cuerpo y qué factores están influyendo en tu caso concreto.
Entender el problema es el primer paso para resolverlo
La pelvis funciona como un sistema en el que músculos, fascias, vísceras, sistema nervioso, respiración y movimiento trabajan de forma coordinada. Cuando alguno de estos elementos pierde su equilibrio pueden aparecer síntomas urinarios, sexuales, intestinales o dolor, aunque el origen del problema no siempre se encuentre donde se manifiesta. Por eso no tratamos únicamente un órgano o un síntoma, sino el funcionamiento global del complejo abdominopélvico.
¿Cómo trabajamos?
Todas las pacientes siguen un mismo modelo asistencial, adaptado después a sus necesidades.
Revisión inicial
La primera visita nos permite conocer tu historia clínica, comprender cómo afectan los síntomas a tu vida diaria y realizar una valoración funcional completa. No buscamos únicamente dónde duele, sino por qué aparece y qué lo mantiene.
Valoración funcional
Según cada caso puede incluir:
- Valoración del suelo pélvico
- Valoración abdominal y diafragmática
- Control de la respiración y de las presiones abdominales
- Movimiento de pelvis, columna y caderas
- Análisis postural
- Cicatrices y movilidad de los tejidos
- Ecografía funcional
- Manometría anorrectal cuando está indicada
- Control motor durante actividades funcionales
Tratamiento personalizado
No existen tratamientos estándar. Tu plan puede combinar:
- Educación terapéutica
- Ejercicio terapéutico
- Reeducación del control motor
- Entrenamiento del suelo pélvico
- Trabajo respiratorio
- Terapia manual y tratamiento fascial
- Tratamiento de cicatrices
- Neuromodulación y biofeedback
- Electroestimulación
- Ecografía funcional de seguimiento
- Radiofrecuencia regenerativa y ondas de choque cuando están indicadas
Seguimiento
Reevaluamos periódicamente la evolución para adaptar los objetivos y comprobar los cambios de forma objetiva. Cuando la recuperación lo permite, muchas pacientes continúan en Salud Pélvica Activa para mantener los resultados conseguidos.
Qué abarca el área
Ocho líneas de trabajo. Las que llevan «Saber más» tienen dentro el detalle de cada alteración.
Salud sexual
Dolor en la penetración, sequedad, tensión involuntaria de la musculatura, cambios en la respuesta sexual. Abordaje fisioterapéutico con respeto absoluto a tu ritmo.
Bienestar menstrual
Reglas que duelen hasta incapacitar, dolor pélvico cíclico, endometriosis diagnosticada. La regla no debería pararte la vida cada mes.
Dolor pélvico persistente
Dolor pélvico de más de 3 meses, con o sin diagnóstico. Abordaje de la musculatura, el sistema nervioso y los hábitos que lo perpetúan.
Deportistas
Pérdidas al correr o saltar, presiones mal gestionadas en fuerza e impacto, vuelta al deporte posparto. La solución no es dejar de entrenar.
Pre y post cirugías pélvicas
Preparación antes de una cirugía pélvica y recuperación después: histerectomía, corrección de prolapso, cirugía de endometriosis y otras.
Entre el primer síntoma y la primera consulta pasan años, no semanas. Y casi nunca es por falta de solución: es por silencio.
Por eso hemos puesto en marcha el Barómetro Córporal de la Salud Pélvica: para poner números a ese silencio. Es anónimo, para hombres y mujeres. Participar en el estudio · solo te llevará 5 minutos →Horarios y tarifas
Consulta aquí todos los horarios y tarifas de la Unidad de Salud Pélvica.
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Cómo es la primera visitaSalud urinaria
Presentamos la información dividida por alteraciones para que sea más fácil de leer, pero la atención clínica no está compartimentada: una misma mujer puede presentar a la vez incontinencia, dificultad en el vaciado, dolor y cistitis de repetición.
Incontinencia urinaria de esfuerzo
Así lo siento, así lo vivo
Aunque muchas mujeres llegan a normalizar estas situaciones tras el embarazo, el parto o con el paso de los años, la realidad es que las pérdidas de orina durante un esfuerzo no son normales. Pueden afectar a la confianza, limitar la actividad física, modificar la vida social e incluso hacer que dejemos de hacer cosas que disfrutábamos.
¿Qué me está pasando?
La incontinencia urinaria de esfuerzo consiste en la pérdida involuntaria de orina cuando aumenta la presión dentro del abdomen.
Las pérdidas aparecen al realizar actividades cotidianas como toser, estornudar, reír, levantar peso, correr, saltar o cambiar bruscamente de posición, sin que exista previamente una necesidad intensa de orinar.
La cantidad de orina puede ser muy variable. Algunas mujeres pierden solo unas gotas y otras cantidades mayores, pero la repercusión sobre su calidad de vida no depende únicamente del volumen de la pérdida, sino de cómo condiciona su día a día.
¿Por qué me ocurre?
Nuestro cuerpo dispone de un complejo sistema de continencia cuya función es mantener la vejiga cerrada cuando no es el momento de orinar, incluso durante los esfuerzos.
Este sistema depende del funcionamiento coordinado de la vejiga, la uretra, los ligamentos y fascias de sostén, la musculatura del suelo pélvico, la pared abdominal, el diafragma, la respiración y el sistema nervioso.
Cuando uno o varios de estos mecanismos dejan de trabajar de forma eficiente, pueden aparecer las pérdidas de orina.
Cada mujer presenta una combinación diferente de factores. Entre los más frecuentes encontramos:
- embarazo y parto
- menopausia
- cirugías pélvicas
- alteraciones del tejido conectivo
- cambios en los mecanismos de soporte de la uretra
- tono, fuerza o coordinación alterados de la musculatura del suelo pélvico
- una gestión ineficaz de las presiones abdominales durante los esfuerzos
- determinados deportes de impacto o trabajos físicamente exigentes
- estreñimiento crónico, tos persistente u obesidad
Por este motivo, dos mujeres con síntomas aparentemente iguales pueden necesitar procesos de rehabilitación completamente diferentes.
¿Cómo podemos ayudarte?
El primer paso es comprender por qué aparecen las pérdidas en tu caso concreto.
Durante la revisión realizamos una valoración funcional completa del complejo abdominopélvico. No nos centramos únicamente en el suelo pélvico, sino que analizamos cómo trabajan de forma coordinada todos los elementos que participan en la continencia.
Según cada caso, el proceso de rehabilitación puede incluir:
- educación sobre el funcionamiento del sistema de continencia
- modificación de hábitos que favorecen las pérdidas
- ejercicio terapéutico individualizado
- entrenamiento específico del suelo pélvico cuando está indicado
- mejora de la coordinación entre respiración, abdomen y suelo pélvico
- reeducación del control motor durante las actividades de la vida diaria y el deporte
- terapia manual para optimizar la movilidad de los tejidos
- tratamiento de cicatrices cuando influyen en la función
- ecografía funcional para valorar la musculatura y objetivar la evolución
- tecnologías de apoyo, como neuromodulación, biofeedback, radiofrecuencia regenerativa u ondas de choque, cuando existe una indicación clínica y aportan un beneficio real
Cada proceso de rehabilitación es único. Nuestro objetivo no es aplicar las mismas técnicas a todas las mujeres, sino seleccionar aquellas que realmente necesitan para recuperar la función.
¿Por qué es importante atenderlo?
Muchas mujeres esperan años antes de consultar porque creen que las pérdidas son una consecuencia inevitable del embarazo, del parto, de la menopausia o simplemente de la edad.
Durante ese tiempo suelen modificar su forma de vivir sin ser plenamente conscientes: dejan de practicar deporte, utilizan absorbentes de manera habitual, evitan determinados planes o viven pendientes de localizar un baño.
Además de afectar a la calidad de vida, si no se identifican y corrigen los factores que están originando el problema, estos pueden mantenerse o evolucionar con el tiempo.
Consultar de forma precoz permite comprender el origen de las pérdidas, iniciar un proceso de rehabilitación adaptado y recuperar la confianza para volver a realizar las actividades cotidianas con seguridad.
Objetivos del proceso de rehabilitación
Nuestro objetivo va mucho más allá de reducir las pérdidas de orina.
Queremos ayudarte a recuperar un sistema de continencia eficiente para que vuelvas a confiar en tu cuerpo, practiques el deporte que te gusta, te muevas con libertad y dejes de adaptar tu vida a un problema que tiene abordaje.
Recuperar la continencia es recuperar libertad. Y queremos acompañarte para que vuelvas a vivir sin pensar constantemente en tu vejiga.
Incontinencia urinaria de urgencia
Así lo siento, así lo vivo
Muchas mujeres viven pendientes de su vejiga. Organizan sus desplazamientos, las reuniones, los viajes o las actividades sociales en función de la proximidad de un baño. Con el tiempo, esta situación puede generar ansiedad, inseguridad y hacer que limiten su vida cotidiana.
¿Qué me está pasando?
La incontinencia urinaria de urgencia aparece cuando surge una necesidad repentina, intensa y difícil de controlar de orinar, acompañada de una pérdida involuntaria de orina antes de poder llegar al baño.
A diferencia de la incontinencia de esfuerzo, las pérdidas no aparecen al toser, reír o hacer ejercicio, sino porque la sensación de urgencia resulta tan intensa que no da tiempo a retrasar la micción.
En algunas mujeres las pérdidas son abundantes; en otras solo se producen en determinadas circunstancias, pero la sensación de pérdida de control suele generar una gran preocupación.
¿Por qué me ocurre?
La vejiga no funciona de forma aislada. Durante todo el día está enviando y recibiendo información del sistema nervioso para saber cuándo debe almacenar la orina y cuándo es el momento adecuado para vaciarse.
En algunas situaciones este sistema de regulación pierde parte de su equilibrio. La vejiga puede enviar señales de llenado antes de tiempo o el cerebro puede interpretar esas señales como una necesidad urgente de orinar, aunque todavía exista capacidad suficiente para seguir almacenando orina.
No existe una única causa y, con frecuencia, intervienen varios factores al mismo tiempo. Entre ellos pueden encontrarse:
- cambios en la regulación entre la vejiga y el sistema nervioso
- aumento de la sensibilidad vesical
- hábitos miccionales mantenidos durante años
- infecciones urinarias o procesos inflamatorios
- síndrome genitourinario asociado a la menopausia
- enfermedades neurológicas
- determinadas enfermedades metabólicas
- situaciones de estrés mantenido
- coexistencia con otras alteraciones del complejo abdominopélvico
- cicatrices de cesárea u otras cirugías abdominales o pélvicas que, incluso años después, pueden modificar la movilidad de los tejidos, la mecánica del complejo abdominopélvico o la sensibilidad de la zona
Cada mujer presenta una combinación diferente de factores, por lo que identificar el origen de la urgencia es fundamental para planificar el proceso de rehabilitación.
¿Cómo podemos ayudarte?
El primer objetivo es comprender por qué tu vejiga está enviando esas señales de urgencia y cómo responde tu cuerpo ante ellas.
Durante la revisión realizamos una valoración funcional completa que incluye tus hábitos miccionales, el funcionamiento del sistema de continencia, la coordinación del complejo abdominopélvico y aquellos factores que pueden estar favoreciendo la aparición de la urgencia.
El proceso de rehabilitación puede incluir:
- educación sobre el funcionamiento normal de la vejiga
- reeducación de los hábitos miccionales
- estrategias para disminuir la urgencia y recuperar el control de la micción
- entrenamiento del sistema de continencia
- mejora de la coordinación entre respiración, abdomen y suelo pélvico
- ejercicio terapéutico individualizado
- neuromodulación cuando está indicada
- biofeedback como herramienta de aprendizaje
- ecografía funcional para valorar la musculatura y realizar el seguimiento
- coordinación con otros profesionales cuando sea necesario
Nuestro objetivo no es que aprendas a convivir con la urgencia, sino ayudar a que tu vejiga vuelva a almacenar la orina de forma más eficiente y que recuperes la confianza para decidir cuándo quieres ir al baño.
¿Por qué es importante atenderlo?
Muchas mujeres comienzan a modificar su vida para adaptarse a la urgencia urinaria: van al baño "por si acaso", reducen la ingesta de líquidos, evitan salir durante muchas horas o dejan de realizar determinadas actividades.
Aunque estas estrategias pueden parecer útiles a corto plazo, con frecuencia contribuyen a mantener el problema e incluso a intensificar la sensación de urgencia.
Además, las pérdidas de orina pueden afectar a la autoestima, al descanso nocturno, a la vida laboral y a las relaciones sociales.
Una valoración precoz permite identificar los factores implicados e iniciar un proceso de rehabilitación adaptado antes de que estos cambios condicionen aún más tu calidad de vida.
Objetivos del proceso de rehabilitación
Nuestro objetivo es ayudarte a recuperar el control sobre tu vejiga para que seas tú quien decida cuándo es el momento de ir al baño, y no una sensación de urgencia la que marque tu día.
Queremos que vuelvas a realizar tus actividades con tranquilidad, sin planificar cada salida en función de los baños disponibles y sin vivir pendiente del miedo a una pérdida de orina.
Recuperar el control de tu vejiga es recuperar autonomía, confianza y libertad para disfrutar de tu vida con normalidad.
Incontinencia urinaria mixta
Así lo siento, así lo vivo
La incontinencia urinaria mixta suele generar mucha incertidumbre. Las pérdidas aparecen en situaciones diferentes y muchas mujeres sienten que han perdido la confianza en su cuerpo, ya que no siempre consiguen anticipar cuándo ocurrirán.
¿Qué me está pasando?
La incontinencia urinaria mixta combina síntomas de la incontinencia urinaria de esfuerzo y de la incontinencia urinaria de urgencia.
Esto significa que las pérdidas pueden aparecer tanto durante un esfuerzo físico —como toser, reír, correr o levantar peso— como asociadas a una necesidad intensa y difícil de controlar de orinar.
En algunas mujeres predominan las pérdidas con el esfuerzo; en otras, la urgencia urinaria es el síntoma más limitante. También es frecuente que ambos componentes tengan una importancia similar.
¿Por qué me ocurre?
El sistema de continencia depende del funcionamiento coordinado de diferentes estructuras: la vejiga, la uretra, los mecanismos de soporte, la musculatura del complejo abdominopélvico y el sistema nervioso.
Cuando se alteran varios de estos mecanismos al mismo tiempo, pueden aparecer síntomas propios tanto de la incontinencia de esfuerzo como de la urgencia urinaria.
Entre los factores que pueden contribuir se encuentran:
- embarazo y parto
- menopausia
- alteraciones del tejido conectivo
- cambios en los mecanismos de soporte de la uretra
- tono, fuerza o coordinación alterados de la musculatura del suelo pélvico
- alteraciones en la regulación entre la vejiga y el sistema nervioso
- aumento de la sensibilidad vesical
- hábitos miccionales mantenidos durante años
- estreñimiento crónico o tos persistente
- deportes de impacto o trabajos físicamente exigentes
- cicatrices de cesárea u otras cirugías abdominales o pélvicas que, incluso años después, pueden modificar la movilidad de los tejidos, la mecánica del complejo abdominopélvico o la sensibilidad de la zona
Cada mujer presenta una combinación diferente de factores. Por eso, aunque dos personas tengan el mismo diagnóstico, el proceso de rehabilitación puede ser completamente distinto.
¿Cómo podemos ayudarte?
El primer paso es identificar qué mecanismos están provocando las pérdidas y cuál de ellos tiene mayor repercusión en tu caso.
Durante la revisión realizamos una valoración funcional completa para comprender cómo trabaja tu sistema de continencia durante el esfuerzo, cómo se comporta la vejiga durante el llenado y qué otros factores pueden estar influyendo en la aparición de los síntomas.
El proceso de rehabilitación puede incluir:
- educación sobre el funcionamiento del sistema de continencia
- modificación de hábitos miccionales y de aquellos factores que favorecen las pérdidas
- ejercicio terapéutico individualizado
- entrenamiento específico del suelo pélvico cuando está indicado
- mejora de la coordinación entre respiración, abdomen y suelo pélvico
- reeducación del control motor durante las actividades de la vida diaria y el ejercicio
- estrategias para disminuir la urgencia urinaria y recuperar el control de la micción
- terapia manual para mejorar la movilidad de los tejidos
- tratamiento de cicatrices cuando condicionan la función
- ecografía funcional como herramienta de valoración y seguimiento
- neuromodulación, biofeedback, radiofrecuencia regenerativa u otras tecnologías cuando están clínicamente indicadas
Nuestro objetivo es diseñar un proceso de rehabilitación adaptado a ti, priorizando aquellos aspectos que más limitan tu calidad de vida.
¿Por qué es importante atenderlo?
Con frecuencia, las mujeres con incontinencia urinaria mixta modifican muchos aspectos de su vida sin darse cuenta. Evitan el ejercicio físico, planifican sus salidas en función de la disponibilidad de baños, utilizan absorbentes de forma habitual o reducen la ingesta de líquidos para intentar prevenir las pérdidas.
Estas adaptaciones pueden aliviar la preocupación a corto plazo, pero no resuelven el origen del problema y, en algunos casos, incluso favorecen que los síntomas se mantengan.
Además, convivir durante años con las pérdidas puede afectar a la autoestima, la vida social, la actividad laboral y la salud sexual.
Realizar una valoración temprana permite identificar los diferentes factores implicados y establecer un proceso de rehabilitación adaptado a cada mujer, evitando que las limitaciones aumenten con el paso del tiempo.
Objetivos del proceso de rehabilitación
Nuestro objetivo es ayudarte a recuperar un sistema de continencia más eficiente y devolverte la confianza para realizar tus actividades cotidianas sin miedo a las pérdidas de orina.
Queremos que vuelvas a caminar, hacer deporte, viajar, reír o disfrutar de tu vida social con la tranquilidad de saber que tu cuerpo responde de forma adecuada.
No buscamos que adaptes tu vida a la incontinencia. Queremos ayudarte a que tu sistema de continencia vuelva a adaptarse a tu vida.
Síndrome de vejiga hiperactiva
Así lo siento, así lo vivo
Aunque muchas veces no existen pérdidas de orina, vivir pendiente de la vejiga puede llegar a condicionar el trabajo, los viajes, el descanso, el deporte y la vida social. Es frecuente que las mujeres adapten su rutina pensando que "es normal" o que forma parte del envejecimiento, cuando en realidad existen opciones para mejorar estos síntomas.
¿Qué me está pasando?
El síndrome de vejiga hiperactiva es un conjunto de síntomas relacionados con una alteración en la fase de almacenamiento de la orina.
Su característica principal es la aparición de una urgencia urinaria, es decir, una necesidad repentina y difícil de posponer de ir al baño.
Además, es frecuente que aparezcan otros síntomas como:
- aumento de la frecuencia miccional durante el día
- necesidad de levantarse varias veces por la noche para orinar
- incontinencia urinaria de urgencia en algunas mujeres, aunque no siempre está presente
No todas las mujeres presentan los mismos síntomas ni con la misma intensidad.
¿Por qué me ocurre?
La vejiga es un órgano dinámico cuya función consiste en almacenar la orina durante varias horas y vaciarse únicamente cuando decidimos hacerlo.
Para conseguirlo necesita una comunicación constante con el sistema nervioso, así como una adecuada coordinación con el sistema de continencia y el complejo abdominopélvico.
Cuando este equilibrio se altera, la vejiga puede enviar señales de llenado antes de tiempo o el cerebro interpretar estas señales como una necesidad urgente de orinar, aunque todavía exista capacidad suficiente para seguir almacenando orina.
No existe una única causa y, con frecuencia, intervienen diferentes factores:
- cambios en la regulación entre la vejiga y el sistema nervioso
- aumento de la sensibilidad vesical
- hábitos miccionales mantenidos durante años
- síndrome genitourinario asociado a la menopausia
- infecciones urinarias o procesos inflamatorios
- enfermedades neurológicas
- diabetes y otras enfermedades metabólicas
- situaciones mantenidas de estrés
- cicatrices de cesárea u otras cirugías abdominales o pélvicas que, incluso años después, pueden modificar la movilidad de los tejidos, la mecánica del complejo abdominopélvico o la sensibilidad de la zona
- coexistencia con otras alteraciones del sistema de continencia
Cada mujer presenta una combinación diferente de factores, por lo que comprender qué está ocurriendo en cada caso es el primer paso para plantear un proceso de rehabilitación eficaz.
¿Cómo podemos ayudarte?
En nuestra Unidad no buscamos únicamente disminuir la frecuencia con la que orinas. Nuestro objetivo es comprender por qué tu vejiga está funcionando de esa manera.
Durante la revisión analizamos tus hábitos miccionales, la capacidad funcional de la vejiga, la coordinación del sistema de continencia, el comportamiento del complejo abdominopélvico y aquellos factores que pueden estar manteniendo los síntomas.
El proceso de rehabilitación puede incluir:
- educación sobre el funcionamiento normal de la vejiga
- entrenamiento vesical para recuperar una capacidad de almacenamiento adecuada
- reeducación de los hábitos miccionales
- estrategias para controlar la urgencia urinaria
- ejercicio terapéutico individualizado
- mejora de la coordinación entre respiración, abdomen y suelo pélvico
- reeducación del control motor
- terapia manual cuando las restricciones de movilidad de los tejidos influyen en la función
- tratamiento de cicatrices cuando condicionan la mecánica del complejo abdominopélvico
- neuromodulación cuando está indicada
- biofeedback como herramienta de aprendizaje
- ecografía funcional para objetivar la evolución
- coordinación con otros profesionales cuando el caso lo requiere
El proceso de rehabilitación siempre se adapta a las necesidades de cada mujer, porque no todas las vejigas hiperactivas tienen el mismo origen.
¿Por qué es importante atenderlo?
Muchas mujeres terminan organizando su vida alrededor de la vejiga. Reducen la ingesta de líquidos, van al baño constantemente "por si acaso", limitan los viajes, interrumpen reuniones o dejan de disfrutar de actividades que antes realizaban con normalidad.
Estas estrategias, aunque parecen ayudar en un primer momento, pueden contribuir a mantener el problema y hacer que la vejiga se vuelva cada vez más sensible.
Además, la necesidad de levantarse varias veces durante la noche puede alterar el descanso y afectar al bienestar físico y emocional.
Una valoración especializada permite identificar los factores implicados y diseñar un proceso de rehabilitación orientado a recuperar un funcionamiento más eficiente de la vejiga.
Objetivos del proceso de rehabilitación
Nuestro objetivo es ayudarte a que tu vejiga vuelva a almacenar la orina de forma eficiente y que seas tú quien decida cuándo es el momento adecuado para ir al baño.
Queremos que recuperes la tranquilidad para trabajar, viajar, dormir, hacer deporte y disfrutar de tu día sin vivir pendiente de la siguiente visita al baño.
Cuando recuperas el control de tu vejiga, recuperas tiempo, tranquilidad y libertad para vivir con normalidad.
Síndrome genitourinario de la menopausia
Así lo siento, así lo vivo
Muchas mujeres asumen estos cambios como una consecuencia inevitable del paso del tiempo. Sin embargo, aunque el síndrome genitourinario de la menopausia es frecuente, existen diferentes estrategias que pueden ayudar a mejorar los síntomas y la calidad de vida.
¿Qué me está pasando?
El síndrome genitourinario de la menopausia engloba un conjunto de cambios que aparecen como consecuencia del descenso de los estrógenos y que afectan a la vulva, la vagina, la uretra y la vejiga.
La disminución del estímulo hormonal provoca cambios en los tejidos, que pueden volverse más finos, menos elásticos y más sensibles.
Como consecuencia, pueden aparecer síntomas muy diversos, entre ellos:
- sequedad vaginal
- sensación de irritación o escozor
- molestias o dolor durante las relaciones sexuales
- disminución de la lubricación
- aumento de la frecuencia urinaria
- urgencia urinaria
- infecciones urinarias de repetición
- molestias al orinar
- pequeñas pérdidas de orina en algunas mujeres
No todas las mujeres presentan los mismos síntomas ni con la misma intensidad.
¿Por qué me ocurre?
Aunque este cuadro recibe el nombre de síndrome genitourinario de la menopausia, cambios similares pueden aparecer en otras situaciones en las que disminuyen los niveles de estrógenos, como durante la lactancia, en la insuficiencia ovárica precoz o como consecuencia de determinados tratamientos oncológicos.
Los estrógenos desempeñan un papel fundamental en el mantenimiento de la salud de la vulva, la vagina, la uretra y la vejiga. Cuando sus niveles disminuyen, estos tejidos experimentan cambios progresivos que pueden afectar a su hidratación, elasticidad, grosor, sensibilidad y capacidad para desempeñar su función.
Como consecuencia, pueden aparecer síntomas urinarios, vulvovaginales y sexuales de forma aislada o combinada.
Además de la disminución hormonal, otros factores pueden contribuir a la aparición o al mantenimiento de los síntomas, entre ellos:
- cambios en la elasticidad, hidratación y capacidad de adaptación de los tejidos
- alteraciones del sistema de continencia
- tono muscular aumentado o dificultades en la coordinación de la musculatura del suelo pélvico
- disminución de la movilidad de los tejidos
- cicatrices de cesárea u otras cirugías abdominales o pélvicas que pueden modificar la mecánica y la movilidad del complejo abdominopélvico
- enfermedades asociadas
- determinados tratamientos médicos
- disminución de la actividad física
- cambios en la actividad sexual, cuando producen molestias y favorecen un círculo de evitación
- coexistencia con otras alteraciones urinarias, sexuales o proctológicas
Cada mujer vive esta etapa de forma diferente. Por eso, durante la revisión buscamos comprender qué factores están influyendo en tu caso concreto para diseñar un proceso de rehabilitación adaptado a tus necesidades.
¿Cómo podemos ayudarte?
Antes de iniciar cualquier proceso de rehabilitación, necesitamos comprender qué cambios están condicionando tus síntomas y cómo están afectando a tu calidad de vida.
Durante la revisión realizamos una valoración funcional del complejo abdominopélvico, evaluando el estado de los tejidos, la movilidad, la función del sistema de continencia, la musculatura del suelo pélvico, las cicatrices si existen y aquellos factores que puedan estar contribuyendo a mantener las molestias.
El proceso de rehabilitación puede incluir:
- educación sobre los cambios asociados a la menopausia
- recomendaciones para el cuidado de la salud vulvovaginal
- ejercicio terapéutico individualizado
- mejora de la coordinación entre respiración, abdomen y suelo pélvico
- entrenamiento específico del suelo pélvico cuando está indicado
- terapia manual para mejorar la movilidad y la elasticidad de los tejidos
- tratamiento de cicatrices cuando condicionan la función
- radiofrecuencia regenerativa cuando está clínicamente indicada
- coordinación con el ginecólogo u otros profesionales para valorar tratamientos complementarios, como la terapia hormonal local cuando esté indicada
- seguimiento mediante ecografía funcional cuando aporta información relevante
El proceso de rehabilitación siempre se adapta a las necesidades de cada mujer, respetando sus objetivos y el momento vital en el que se encuentra.
¿Por qué es importante atenderlo?
Muchas mujeres dejan de mantener relaciones sexuales, reducen su actividad física o normalizan síntomas urinarios pensando que forman parte inevitable de la menopausia.
Sin embargo, cuando estas molestias no se abordan, pueden afectar progresivamente a la calidad de vida, al bienestar emocional, a la salud sexual y a la función urinaria.
Una valoración especializada permite identificar qué cambios forman parte del síndrome genitourinario y qué otros factores pueden estar contribuyendo a los síntomas, facilitando un proceso de rehabilitación adaptado a cada mujer.
Objetivos del proceso de rehabilitación
Nuestro objetivo es ayudarte a recuperar el bienestar y la funcionalidad del complejo genitourinario para que puedas vivir esta etapa con comodidad, confianza y calidad de vida.
Buscamos mejorar la función de los tejidos, favorecer el confort en las actividades cotidianas y ayudarte a mantener una vida activa, saludable y satisfactoria.
La menopausia es una nueva etapa de la vida, no el final de tu bienestar. Cuidar tu salud pélvica es seguir cuidando de ti.
Dificultad en el vaciado vesical
Disfunción miccional funcional
Así lo siento, así lo vivo
Muchas mujeres describen la sensación de que "la vejiga nunca queda completamente vacía". En ocasiones esto genera preocupación, obliga a ir al baño con frecuencia o favorece la aparición de infecciones urinarias de repetición.
¿Qué me está pasando?
Vaciar la vejiga parece un gesto sencillo, pero es un proceso que requiere una perfecta coordinación entre diferentes estructuras.
Para que la orina salga con normalidad, la vejiga debe contraerse mientras la uretra y la musculatura del suelo pélvico se relajan al mismo tiempo. Si esta coordinación se altera, el vaciado puede hacerse más lento, incompleto o requerir un esfuerzo excesivo.
Algunas mujeres presentan dificultad para iniciar la micción; otras tienen un chorro débil o intermitente, y otras sienten que, aunque hayan orinado, la vejiga continúa llena.
¿Por qué me ocurre?
La dificultad para el vaciado vesical puede tener diferentes causas y, con frecuencia, intervienen varios factores al mismo tiempo.
Entre ellos pueden encontrarse:
- alteraciones en la coordinación entre la vejiga, la uretra y la musculatura del suelo pélvico
- dificultad para relajar la musculatura durante la micción
- tono muscular aumentado cuando está presente
- cambios en la regulación del sistema nervioso
- hábitos miccionales mantenidos durante años
- estreñimiento crónico y alteraciones de la función defecatoria
- prolapsos de los órganos pélvicos
- cicatrices de cesárea u otras cirugías abdominales o pélvicas que pueden modificar la movilidad de los tejidos, la mecánica del complejo abdominopélvico o la sensibilidad de la zona
- determinadas enfermedades neurológicas
- intervenciones quirúrgicas pélvicas
- algunos tratamientos farmacológicos
Cada mujer presenta una combinación diferente de factores. Por eso, antes de iniciar cualquier proceso de rehabilitación, es fundamental comprender qué está dificultando el vaciado en cada caso.
¿Cómo podemos ayudarte?
Antes de intervenir necesitamos comprender cómo está funcionando tu sistema de vaciado vesical y qué factores están dificultando que la vejiga se vacíe con normalidad.
Durante la revisión realizamos una valoración funcional completa. Analizamos tus síntomas, tus hábitos miccionales y cómo se coordinan la vejiga, la respiración, la musculatura abdominal y el suelo pélvico durante la micción. También valoramos la movilidad de los tejidos, la presencia de cicatrices y otros factores que puedan estar condicionando el vaciado.
Cuando está indicado, complementamos esta valoración con ecografía funcional, que nos permite observar el comportamiento de la vejiga y comprobar de forma objetiva si el vaciado es completo o si permanece un residuo postmiccional (cantidad de orina que permanece en la vejiga después de orinar).
Esta información nos ayuda a comprender mejor el origen de los síntomas, orientar el proceso de rehabilitación y realizar un seguimiento objetivo de la evolución.
A partir de toda la información obtenida diseñamos un proceso de rehabilitación individualizado que puede incluir:
- educación sobre el funcionamiento del proceso de micción
- reeducación de los hábitos miccionales
- aprendizaje de estrategias para favorecer un vaciado vesical más eficiente
- ejercicio terapéutico individualizado
- entrenamiento de la coordinación entre respiración, abdomen y suelo pélvico
- trabajo específico para facilitar la relajación de la musculatura durante la micción cuando está indicado
- terapia manual para mejorar la movilidad de los tejidos
- tratamiento de cicatrices cuando condicionan la función
- neuromodulación cuando existe una indicación clínica
- coordinación con el urólogo, ginecólogo u otros especialistas cuando el origen de la dificultad requiere un abordaje multidisciplinar
Cada proceso de rehabilitación se adapta a las necesidades de cada mujer. Nuestro objetivo es comprender el origen del problema y ayudarte a recuperar un vaciado vesical lo más eficiente posible.
¿Por qué es importante atenderlo?
Vaciar la vejiga de forma incompleta o con dificultad no solo puede resultar incómodo, sino que también puede favorecer la aparición de otros problemas.
Cuando la vejiga no consigue vaciarse correctamente de forma repetida, puede aumentar el riesgo de infecciones urinarias, favorecer la aparición de síntomas urinarios persistentes y hacer que la necesidad de orinar sea cada vez más frecuente.
Además, el esfuerzo repetido para intentar orinar puede generar tensión innecesaria en el complejo abdominopélvico y contribuir a mantener otras disfunciones.
Una valoración especializada permite identificar qué está dificultando el vaciado y establecer un proceso de rehabilitación adaptado a cada mujer.
Objetivos del proceso de rehabilitación
Nuestro objetivo es ayudarte a que el proceso de micción vuelva a ser cómodo, eficiente y completo, reduciendo el esfuerzo necesario para orinar y favoreciendo un mejor funcionamiento del sistema urinario.
Queremos que recuperes la confianza en tu cuerpo y que ir al baño deje de ser un momento de preocupación o de incertidumbre.
Orinar debería ser un proceso natural, no un esfuerzo. Recuperar un vaciado vesical eficiente es recuperar comodidad, seguridad y bienestar en tu día a día.
Megavejiga (aumento de la capacidad vesical)
Así lo siento, así lo vivo
Muchas mujeres consideran que aguantar muchas horas sin orinar es una ventaja. Sin embargo, cuando la vejiga permanece muy llena de forma habitual, puede alterar su funcionamiento y favorecer la aparición de otros problemas.
¿Qué me está pasando?
La vejiga está diseñada para almacenar la orina de forma progresiva y avisarnos cuando alcanza un volumen adecuado para vaciarse.
Cuando de forma repetida permanece excesivamente llena o pierde sensibilidad para detectar el llenado, puede aumentar su capacidad más allá de lo habitual.
En algunas mujeres esto ocurre sin producir síntomas importantes. En otras puede acompañarse de dificultad para iniciar la micción, vaciado incompleto o infecciones urinarias de repetición.
¿Por qué me ocurre?
La megavejiga puede aparecer por diferentes motivos y no siempre tiene el mismo origen.
Entre los factores que pueden contribuir se encuentran:
- el hábito de retrasar la micción durante años por motivos laborales o personales
- alteraciones en la sensibilidad vesical
- enfermedades neurológicas
- alteraciones en la regulación entre la vejiga y el sistema nervioso
- dificultad para vaciar completamente la vejiga de forma mantenida
- determinados tratamientos médicos
- algunas enfermedades poco frecuentes
Cada mujer presenta una situación diferente. Por eso es importante valorar no solo la capacidad de la vejiga, sino también cómo funciona durante el llenado y el vaciado.
¿Cómo podemos ayudarte?
Antes de iniciar cualquier proceso de rehabilitación necesitamos comprender por qué tu vejiga ha aumentado su capacidad y cómo está afectando a su funcionamiento.
Durante la revisión analizamos tus hábitos miccionales, la frecuencia con la que orinas, la cantidad aproximada de orina en cada micción y la coordinación del sistema de vaciado.
Cuando está indicado, complementamos la valoración con ecografía funcional para comprobar el vaciado vesical y detectar si permanece un residuo postmiccional que pueda estar contribuyendo a los síntomas.
El proceso de rehabilitación puede incluir:
- educación sobre el funcionamiento de la vejiga
- reeducación de los hábitos miccionales
- entrenamiento vesical cuando está indicado
- ejercicio terapéutico
- reeducación del complejo abdominopélvico
- neuromodulación en casos seleccionados
- seguimiento ecográfico de la evolución
- coordinación con el urólogo cuando sea necesario
Cada proceso de rehabilitación se adapta a las características de cada mujer y a la causa que ha originado el problema.
¿Por qué es importante atenderlo?
Aunque muchas mujeres consideran que aguantar muchas horas sin orinar es una ventaja, mantener la vejiga excesivamente llena de forma repetida puede afectar a su funcionamiento a largo plazo.
Una vejiga muy distendida puede perder progresivamente sensibilidad, dificultar un vaciado eficiente y favorecer la aparición de residuo postmiccional, aumentando el riesgo de infecciones urinarias.
Además, el aumento mantenido del volumen vesical supone una mayor carga para los tejidos de sostén del suelo pélvico. En mujeres predispuestas o con otros factores de riesgo, esta situación puede contribuir a la aparición o progresión de un prolapso de los órganos pélvicos.
Una valoración especializada permite identificar las causas de esta alteración, prevenir posibles complicaciones y establecer un proceso de rehabilitación orientado a recuperar un funcionamiento vesical más fisiológico.
Objetivos del proceso de rehabilitación
Nuestro objetivo es ayudarte a que tu vejiga recupere un patrón de funcionamiento lo más fisiológico posible, favoreciendo un almacenamiento y un vaciado eficientes.
Cuidar tu vejiga hoy es proteger su funcionamiento para el futuro.
Vejiga de baja capacidad funcional
Así lo siento, así lo vivo
Muchas mujeres sienten que su vejiga "es pequeña". En realidad, no siempre se trata de un problema de tamaño, sino de una vejiga que ha reducido su capacidad funcional o cuya sensibilidad ha cambiado.
¿Qué me está pasando?
La vejiga tiene la capacidad de almacenar una cantidad determinada de orina antes de enviar la señal de que es el momento de orinar.
Cuando esta capacidad funcional disminuye, aparece la necesidad de acudir al baño con mayor frecuencia y con volúmenes de orina pequeños.
En algunos casos puede acompañarse de urgencia urinaria o de incontinencia urinaria de urgencia, aunque no siempre ocurre.
¿Por qué me ocurre?
La disminución de la capacidad funcional de la vejiga puede estar relacionada con diferentes factores.
Entre ellos:
- aumento de la sensibilidad vesical
- alteraciones en la regulación entre la vejiga y el sistema nervioso
- hábitos miccionales mantenidos durante años
- procesos inflamatorios vesicales
- síndrome genitourinario asociado a la disminución de estrógenos
- dolor pélvico persistente
- enfermedades neurológicas
- cicatrices abdominales o pélvicas que pueden modificar la mecánica y la sensibilidad del complejo abdominopélvico
Cada mujer presenta una combinación diferente de factores, por lo que es necesario realizar una valoración individualizada.
¿Cómo podemos ayudarte?
Antes de intervenir necesitamos comprender si el problema se debe realmente a una disminución de la capacidad funcional de la vejiga o si existen otros factores que están haciendo que aparezca antes la sensación de necesidad de orinar.
Durante la revisión analizamos tus hábitos miccionales, la frecuencia urinaria, los volúmenes aproximados de cada micción, la coordinación del sistema de continencia y el funcionamiento del complejo abdominopélvico.
Cuando está indicado, utilizamos la ecografía funcional para complementar la valoración y descartar otras alteraciones asociadas.
El proceso de rehabilitación puede incluir:
- educación terapéutica
- entrenamiento vesical
- reeducación de hábitos miccionales
- estrategias para disminuir la sensibilidad vesical
- ejercicio terapéutico individualizado
- trabajo sobre la coordinación entre respiración, abdomen y suelo pélvico
- neuromodulación cuando está indicada
- seguimiento objetivo de la evolución
Cada proceso de rehabilitación se adapta a la causa del problema y a los objetivos de cada mujer.
¿Por qué es importante atenderlo?
Ir al baño con demasiada frecuencia puede parecer un problema menor, pero con el tiempo puede limitar la vida social, el descanso, el trabajo y la práctica de ejercicio.
Además, algunos hábitos adquiridos para "prevenir" las ganas de orinar pueden contribuir a mantener los síntomas.
Una valoración especializada permite identificar qué está ocurriendo y plantear un proceso de rehabilitación adaptado.
Objetivos del proceso de rehabilitación
Nuestro objetivo es ayudarte a que tu vejiga recupere un patrón de almacenamiento más eficiente y que puedas volver a decidir cuándo ir al baño sin que la urgencia o la frecuencia condicionen tu vida.
Queremos que seas tú quien marque el ritmo de tu día, no tu vejiga.
Cistitis de repetición con analítica positiva
Infección urinaria recurrente confirmada
Así lo siento, así lo vivo
Las infecciones urinarias de repetición pueden llegar a condicionar el descanso, el trabajo, la vida sexual y la tranquilidad del día a día.
¿Qué me está pasando?
Las infecciones urinarias recurrentes aparecen cuando diferentes episodios de infección de la vejiga se confirman mediante una analítica y un urocultivo positivos.
En estos casos existe una proliferación de bacterias en la vejiga que desencadena una respuesta inflamatoria y provoca los síntomas urinarios.
Es importante diferenciar esta situación de otras alteraciones que producen síntomas muy parecidos, pero sin que exista una infección bacteriana.
¿Por qué me ocurre?
Las infecciones urinarias de repetición rara vez dependen de una única causa. En muchas mujeres coinciden diferentes factores que facilitan la entrada de bacterias en la vejiga o dificultan los mecanismos naturales de defensa del organismo.
Entre ellos pueden encontrarse:
- vaciado vesical incompleto
- presencia de residuo postmiccional
- prolapsos de los órganos pélvicos cuando dificultan el vaciado
- cambios hormonales asociados a la disminución de estrógenos
- síndrome genitourinario relacionado con la disminución hormonal
- alteraciones de la microbiota vaginal
- relaciones sexuales, cuando favorecen la entrada de bacterias en mujeres predispuestas
- estreñimiento crónico
- enfermedades metabólicas, como la diabetes
- enfermedades neurológicas
- cicatrices de cesárea u otras cirugías abdominales o pélvicas que, en algunas mujeres, pueden modificar la movilidad de los tejidos o influir en la mecánica del complejo abdominopélvico
Cada mujer presenta una combinación diferente de factores. Por eso es importante identificar qué está favoreciendo que las infecciones vuelvan a aparecer.
¿Cómo podemos ayudarte?
Antes de iniciar cualquier proceso de rehabilitación necesitamos comprender qué factores funcionales pueden estar favoreciendo la repetición de las infecciones.
La fisioterapia no sustituye el tratamiento médico de una infección urinaria, sino que forma parte de un abordaje multidisciplinar, trabajando de forma coordinada con el ginecólogo, el urólogo o el médico de atención primaria.
Durante la revisión realizamos una valoración funcional completa del sistema urinario y del complejo abdominopélvico. Analizamos el vaciado vesical, los hábitos miccionales, la movilidad de los tejidos, la presencia de prolapsos o cicatrices y cualquier otro factor que pueda contribuir a las recurrencias.
Cuando está indicado, utilizamos ecografía funcional para comprobar si existe un residuo postmiccional o alguna alteración funcional que pueda estar favoreciendo las infecciones.
El proceso de rehabilitación puede incluir:
- educación sobre hábitos que favorecen la salud urinaria
- reeducación de los hábitos miccionales
- estrategias para conseguir un vaciado vesical más eficiente
- ejercicio terapéutico individualizado
- mejora de la coordinación entre respiración, abdomen y suelo pélvico
- tratamiento de cicatrices cuando condicionan la función
- terapia manual cuando está indicada
- coordinación con el resto de profesionales implicados
Cada proceso de rehabilitación se adapta a los factores identificados en cada mujer.
¿Por qué es importante atenderlo?
Las infecciones urinarias recurrentes no solo afectan a la calidad de vida. También pueden favorecer un uso repetido de antibióticos y aumentar el riesgo de resistencias bacterianas.
Además, si existen alteraciones funcionales que favorecen su repetición y no se identifican, las infecciones pueden seguir apareciendo a pesar de tratar correctamente cada episodio.
Una valoración especializada permite detectar estos factores y formar parte de una estrategia multidisciplinar orientada a reducir el riesgo de nuevas infecciones.
Objetivos del proceso de rehabilitación
Nuestro objetivo es identificar y abordar aquellos factores funcionales que pueden favorecer la repetición de las infecciones urinarias, contribuyendo a mejorar el funcionamiento del sistema urinario y a disminuir el impacto que estas infecciones tienen sobre tu calidad de vida.
No solo buscamos tratar cada episodio, sino ayudarte a crear las mejores condiciones para proteger la salud de tu vejiga a largo plazo.
Cistitis de repetición con analítica negativa
Síntomas urinarios repetidos sin evidencia de infección
Así lo siento, así lo vivo
Muchas mujeres viven esta situación con frustración. Los síntomas son reales, afectan a su calidad de vida y, sin embargo, las pruebas no muestran una infección que los explique.
¿Qué me está pasando?
Cuando los síntomas urinarios se repiten pero las analíticas y los urocultivos son negativos, es poco probable que la causa sea una infección bacteriana.
Esto no significa que "no tengas nada". Significa que es necesario buscar otras alteraciones que puedan estar originando los síntomas.
En muchas ocasiones, el problema está relacionado con el funcionamiento de la vejiga, la sensibilidad de los tejidos, la musculatura del suelo pélvico o la coordinación del complejo abdominopélvico.
¿Por qué me ocurre?
Los síntomas urinarios sin infección pueden tener diferentes orígenes y, con frecuencia, intervienen varios factores al mismo tiempo.
Entre ellos pueden encontrarse:
- aumento de la sensibilidad vesical
- síndrome vesical doloroso
- síndrome genitourinario asociado a la disminución hormonal
- tono muscular aumentado cuando está presente
- dificultad para relajar la musculatura del suelo pélvico durante la micción
- dolor pélvico persistente
- alteraciones en la regulación del sistema nervioso
- vaciado vesical ineficiente
- cicatrices de cesárea u otras cirugías abdominales o pélvicas que pueden modificar la movilidad de los tejidos, la mecánica del complejo abdominopélvico o la sensibilidad de la zona
- coexistencia con otras alteraciones urinarias, sexuales o proctológicas
Cada mujer presenta una combinación diferente de factores. Por eso es fundamental realizar una valoración funcional completa antes de plantear cualquier proceso de rehabilitación.
¿Cómo podemos ayudarte?
Cuando las analíticas son negativas, el primer paso deja de ser buscar una bacteria y pasa a ser comprender qué está generando tus síntomas.
Durante la revisión analizamos el funcionamiento de la vejiga, el sistema de continencia, la movilidad de los tejidos, la musculatura del suelo pélvico, la presencia de cicatrices y cualquier otro factor que pueda estar contribuyendo a las molestias.
Cuando está indicado, utilizamos ecografía funcional para complementar la exploración clínica y obtener información objetiva sobre el funcionamiento del sistema urinario.
El proceso de rehabilitación puede incluir:
- educación sobre el origen de los síntomas
- reeducación de hábitos miccionales
- estrategias para disminuir la sensibilidad vesical
- ejercicio terapéutico individualizado
- mejora de la coordinación entre respiración, abdomen y suelo pélvico
- terapia manual
- tratamiento de cicatrices cuando condicionan la función
- neuromodulación cuando existe una indicación clínica
- coordinación con otros profesionales cuando la situación lo requiere
Cada proceso de rehabilitación se adapta al origen de los síntomas y a las necesidades de cada mujer.
¿Por qué es importante atenderlo?
Cuando los síntomas se atribuyen repetidamente a una infección que no existe, puede retrasarse el diagnóstico de la verdadera causa y prolongarse un malestar que afecta al bienestar físico y emocional.
Además, el uso innecesario de antibióticos no mejora estos síntomas y puede contribuir al desarrollo de resistencias bacterianas y alterar la microbiota.
Una valoración especializada permite orientar el diagnóstico funcional y establecer un proceso de rehabilitación adaptado al origen de las molestias.
Objetivos del proceso de rehabilitación
Nuestro objetivo es comprender qué está generando tus síntomas y ayudarte a recuperar un funcionamiento urinario más confortable y eficiente, actuando sobre aquellos factores que puedan estar manteniendo las molestias.
Tus síntomas son reales. Comprender su origen es el primer paso para ayudarte a recuperar tu bienestar.
Síndrome de dolor vesical / Cistitis intersticial
Así lo siento, así lo vivo
Vivir con dolor vesical puede afectar al descanso, al trabajo, a la vida social y a la salud sexual. Es frecuente que las mujeres pasen por diferentes consultas antes de encontrar una explicación a sus síntomas.
¿Qué me está pasando?
El síndrome de dolor vesical, también conocido como cistitis intersticial, es una alteración crónica caracterizada por dolor, presión o molestias relacionadas con la vejiga, habitualmente acompañadas de un aumento de la frecuencia urinaria y una necesidad urgente de orinar.
A diferencia de una infección urinaria, en este síndrome no existe una bacteria responsable de los síntomas.
No todas las mujeres presentan las mismas manifestaciones. Algunas sienten un dolor localizado en la vejiga; otras lo perciben en la uretra, la pelvis, la vulva o la parte baja del abdomen. También es frecuente que los síntomas varíen en intensidad a lo largo del tiempo.
¿Por qué me ocurre?
Actualmente sabemos que el síndrome de dolor vesical no tiene una única causa. Se trata de una alteración compleja en la que pueden intervenir diferentes mecanismos y cuya combinación es distinta en cada mujer.
Entre los factores que pueden estar implicados se encuentran:
- aumento de la sensibilidad de la vejiga
- cambios en la forma en que el sistema nervioso procesa las señales procedentes de la vejiga y la pelvis
- alteraciones en la barrera protectora de la vejiga
- inflamación mantenida de bajo grado en algunas mujeres
- tono muscular aumentado cuando está presente
- dificultad para relajar la musculatura del suelo pélvico
- alteraciones en la coordinación del complejo abdominopélvico
- cicatrices de cesárea u otras cirugías abdominales o pélvicas que, en algunas mujeres, pueden modificar la movilidad de los tejidos o contribuir a mantener los síntomas
- coexistencia con otras alteraciones de dolor pélvico persistente
Cada mujer presenta una combinación diferente de factores. Por eso, comprender qué mecanismos predominan en cada caso es fundamental para orientar el proceso de rehabilitación.
¿Cómo podemos ayudarte?
Antes de iniciar cualquier proceso de rehabilitación, necesitamos comprender qué factores están contribuyendo a mantener tus síntomas.
El síndrome de dolor vesical requiere un abordaje multidisciplinar. La fisioterapia forma parte del tratamiento junto con el urólogo, el ginecólogo, la unidad del dolor y otros profesionales cuando es necesario.
Durante la revisión realizamos una valoración funcional completa. Analizamos cómo funciona la vejiga, el sistema de continencia, la musculatura del suelo pélvico, la movilidad de los tejidos, la presencia de cicatrices, los hábitos miccionales y otros factores que puedan estar relacionados con el dolor.
Cuando está indicado, utilizamos ecografía funcional para complementar la exploración clínica y obtener información objetiva sobre el comportamiento del complejo abdominopélvico.
El proceso de rehabilitación puede incluir:
- educación sobre los mecanismos del dolor y el funcionamiento de la vejiga
- estrategias para disminuir la irritabilidad del sistema urinario
- ejercicio terapéutico individualizado
- trabajo orientado a mejorar la coordinación y la capacidad de relajación de la musculatura del suelo pélvico cuando está indicado
- terapia manual para mejorar la movilidad de los tejidos y disminuir los factores mecánicos que puedan contribuir al dolor
- tratamiento de cicatrices cuando condicionan la función
- neuromodulación cuando existe una indicación clínica
- coordinación con el resto de profesionales implicados en el abordaje
Cada proceso de rehabilitación es individualizado y se adapta a los síntomas, los objetivos y las necesidades de cada mujer.
¿Por qué es importante atenderlo?
Convivir durante mucho tiempo con dolor vesical puede afectar progresivamente al bienestar físico, emocional y social.
Es frecuente que las mujeres modifiquen sus hábitos, reduzcan su actividad física, limiten los viajes, alteren su vida sexual o vivan pendientes de la localización de un baño.
Además, cuando el dolor persiste durante meses o años, el sistema nervioso puede volverse más sensible y mantener la sensación de dolor incluso cuando el desencadenante inicial ha desaparecido o ha perdido importancia.
Una valoración especializada permite identificar los diferentes factores implicados y plantear un proceso de rehabilitación integrado dentro de un abordaje multidisciplinar.
Objetivos del proceso de rehabilitación
Nuestro objetivo es ayudarte a recuperar la mayor funcionalidad y calidad de vida posibles, disminuyendo el impacto que el dolor tiene sobre tu día a día y favoreciendo un mejor funcionamiento del sistema urinario y del complejo abdominopélvico.
Trabajaremos contigo para que vuelvas a sentir confianza en tu cuerpo, recuperes aquellas actividades que has ido dejando de hacer y dispongas de herramientas para manejar mejor los síntomas.
El dolor no tiene por qué definir tu vida. Comprender qué lo mantiene es el primer paso para ayudarte a recuperar bienestar, autonomía y calidad de vida.
Síndrome uretral
Así lo siento, así lo vivo
Estas molestias pueden resultar muy frustrantes. Aunque las pruebas descarten una infección, los síntomas son reales y pueden afectar al bienestar, al trabajo, a la actividad física y a la vida sexual.
¿Qué me está pasando?
El síndrome uretral es un conjunto de síntomas localizados en la uretra, el conducto por el que se expulsa la orina desde la vejiga al exterior.
Las mujeres suelen describir escozor, quemazón, presión, molestias al orinar o una sensación constante de irritación, sin que exista una infección urinaria demostrada.
En ocasiones estos síntomas aparecen de forma aislada y, en otras, se acompañan de urgencia urinaria, aumento de la frecuencia miccional o molestias durante las relaciones sexuales.
¿Por qué me ocurre?
El síndrome uretral puede tener diferentes causas y, con frecuencia, intervienen varios factores al mismo tiempo.
Entre ellos pueden encontrarse:
- aumento de la sensibilidad de la uretra
- irritación mantenida de los tejidos
- tono muscular aumentado cuando está presente
- dificultad para relajar la musculatura del suelo pélvico durante la micción
- alteraciones en la coordinación del complejo abdominopélvico
- síndrome genitourinario asociado a la disminución hormonal
- cambios en la regulación del sistema nervioso
- cicatrices de cesárea u otras cirugías abdominales o pélvicas que, en algunas mujeres, pueden modificar la movilidad de los tejidos o contribuir al mantenimiento de los síntomas
- coexistencia con dolor pélvico persistente o síndrome de dolor vesical
Cada mujer presenta una combinación diferente de factores. Por ello, comprender qué mecanismos están implicados en cada caso es esencial antes de iniciar un proceso de rehabilitación.
¿Cómo podemos ayudarte?
Antes de iniciar cualquier proceso de rehabilitación, necesitamos comprender si el origen de las molestias está relacionado con la uretra o si existen otros factores del sistema urinario o del complejo abdominopélvico que estén contribuyendo a los síntomas.
Durante la revisión realizamos una valoración funcional completa. Analizamos la localización de las molestias, los hábitos miccionales, la función del sistema de continencia, la musculatura del suelo pélvico, la movilidad de los tejidos, la presencia de cicatrices y cualquier otro factor que pueda influir en la aparición o el mantenimiento de los síntomas.
Cuando está indicado, complementamos la exploración con ecografía funcional para obtener información objetiva sobre el comportamiento del complejo abdominopélvico.
El proceso de rehabilitación puede incluir:
- educación sobre el origen de los síntomas
- recomendaciones para reducir los factores irritativos
- ejercicio terapéutico individualizado
- trabajo orientado a mejorar la coordinación y la capacidad de relajación de la musculatura del suelo pélvico cuando está indicado
- terapia manual para mejorar la movilidad de los tejidos
- tratamiento de cicatrices cuando condicionan la función
- neuromodulación cuando existe una indicación clínica
- coordinación con el ginecólogo, el urólogo u otros profesionales cuando el abordaje multidisciplinar lo requiere
Cada proceso de rehabilitación es individualizado y se adapta a la causa de las molestias y a los objetivos de cada mujer.
¿Por qué es importante atenderlo?
Cuando las molestias uretrales se atribuyen repetidamente a una infección que no existe, puede retrasarse la identificación de la verdadera causa y prolongarse un malestar que afecta a la calidad de vida.
Además, el uso innecesario de antibióticos no mejora este tipo de síntomas y puede favorecer resistencias bacterianas y alteraciones de la microbiota.
Una valoración especializada permite orientar el diagnóstico funcional e identificar aquellos factores que pueden beneficiarse de un proceso de rehabilitación, siempre dentro de un abordaje multidisciplinar cuando sea necesario.
Objetivos del proceso de rehabilitación
Nuestro objetivo es ayudarte a disminuir las molestias uretrales, favorecer un funcionamiento más confortable del sistema urinario y recuperar la confianza para realizar tus actividades cotidianas sin que el dolor o el escozor condicionen tu vida.
Cuando comprendemos el origen de las molestias, podemos diseñar un proceso de rehabilitación adaptado a ti, orientado a recuperar tu bienestar y tu calidad de vida
Alteraciones urinarias de origen neurológico
Así lo siento, así lo vivo
Cada mujer vive esta situación de una manera diferente. Los síntomas dependen de la enfermedad neurológica, de su evolución y de cómo se vea afectada la comunicación entre el sistema nervioso y el sistema urinario.
¿Qué me está pasando?
La vejiga no funciona de forma aislada. Para almacenar y vaciar la orina necesita una comunicación constante entre el cerebro, la médula espinal, los nervios, la vejiga, la uretra y la musculatura del suelo pélvico.
Cuando una enfermedad o una lesión afecta al sistema nervioso, esta comunicación puede alterarse y provocar cambios en la forma de almacenar o vaciar la orina.
Como consecuencia, pueden aparecer diferentes síntomas, como:
- pérdidas de orina
- urgencia urinaria
- aumento de la frecuencia miccional
- dificultad para vaciar la vejiga
- sensación de vaciado incompleto
- retención urinaria
- infecciones urinarias de repetición
No todas las mujeres presentan las mismas alteraciones ni con la misma intensidad.
¿Por qué me ocurre?
Las alteraciones urinarias de origen neurológico aparecen cuando una enfermedad o una lesión modifica la comunicación entre el sistema nervioso y el aparato urinario.
Pueden presentarse en mujeres con:
- esclerosis múltiple
- enfermedad de Parkinson
- lesión medular
- ictus
- espina bífida
- neuropatías
- otras enfermedades neurológicas
Dependiendo del tipo de afectación, la vejiga puede contraerse antes de tiempo, tener dificultad para contraerse, perder sensibilidad durante el llenado o dejar de coordinarse correctamente con la uretra y la musculatura del suelo pélvico.
Cada mujer presenta una situación diferente. Por eso es imprescindible realizar una valoración funcional individualizada antes de plantear cualquier proceso de rehabilitación.
¿Cómo podemos ayudarte?
Antes de iniciar cualquier proceso de rehabilitación necesitamos comprender cómo está funcionando tu sistema urinario y qué limitaciones presenta en tu situación concreta.
La fisioterapia forma parte de un abordaje multidisciplinar, trabajando de forma coordinada con neurología, urología, medicina física y rehabilitación, ginecología y otros profesionales cuando es necesario.
Durante la revisión realizamos una valoración funcional adaptada a cada mujer. Analizamos la continencia, el vaciado vesical, la coordinación entre respiración, abdomen y suelo pélvico, la movilidad, la presencia de cicatrices cuando existen y aquellos factores que puedan influir en el funcionamiento urinario.
Cuando está indicado, utilizamos ecografía funcional para complementar la exploración clínica y comprobar, por ejemplo, si la vejiga consigue vaciarse completamente o si permanece un residuo postmiccional.
El proceso de rehabilitación puede incluir:
- educación sobre el funcionamiento del sistema urinario y la enfermedad neurológica
- entrenamiento de hábitos miccionales adaptados a cada situación
- ejercicio terapéutico individualizado
- entrenamiento de la musculatura del suelo pélvico cuando está indicado
- trabajo de coordinación entre respiración, abdomen y suelo pélvico
- estrategias para favorecer un vaciado vesical más eficiente
- neuromodulación cuando existe una indicación clínica
- recomendaciones para favorecer la autonomía en las actividades de la vida diaria
- coordinación continua con el resto del equipo asistencial
Cada proceso de rehabilitación se adapta a la enfermedad neurológica, al momento evolutivo y a los objetivos funcionales de cada mujer.
¿Por qué es importante atenderlo?
Las alteraciones urinarias de origen neurológico pueden afectar a la autonomía, la calidad de vida y la participación en las actividades cotidianas.
Además, un funcionamiento ineficiente de la vejiga puede favorecer la aparición de infecciones urinarias, alteraciones del vaciado, cálculos urinarios o un deterioro progresivo de la función vesical si no se realiza un seguimiento adecuado.
Una valoración especializada permite identificar qué alteraciones pueden beneficiarse de un proceso de rehabilitación, establecer objetivos realistas y coordinar el tratamiento con el resto de profesionales implicados.
Objetivos del proceso de rehabilitación
Nuestro objetivo es ayudarte a conseguir el mejor funcionamiento urinario posible dentro de tu situación clínica, favoreciendo la continencia, un vaciado vesical eficiente y una mayor autonomía en tu día a día.
Trabajamos para preservar tu calidad de vida, potenciar tu funcionalidad y ofrecerte estrategias que te permitan afrontar los cambios derivados de la enfermedad con mayor seguridad y confianza.
Cada mujer y cada enfermedad neurológica son diferentes. Nuestro compromiso es acompañarte con un proceso de rehabilitación individualizado, basado en la evidencia científica y coordinado con el resto del equipo asistencial, para ayudarte a alcanzar el máximo nivel de autonomía y bienestar posible.
Salud proctológica y función defecatoria
La salud proctológica forma parte de la salud pélvica y está relacionada con funciones tan importantes como evacuar, controlar gases y heces y mantener una adecuada percepción de las señales procedentes del recto y el ano. Cuando alguna de estas funciones se altera, puede aparecer estreñimiento, dificultad para evacuar, urgencia, pérdidas, dolor o molestias que pueden llegar a condicionar la vida cotidiana.
Abordamos estas disfunciones desde una valoración funcional individualizada, porque un mismo síntoma puede tener mecanismos diferentes. Analizamos cómo se relacionan el recto, el esfínter anal, el suelo pélvico, el abdomen y el diafragma, y cuando es necesario utilizamos herramientas como la ecografía funcional y la manometría anorrectal de doble balón, tanto para conocer el funcionamiento del sistema como para utilizarlas como biofeedback durante el proceso de rehabilitación.
Presentamos la información dividida por alteraciones para que sea más fácil de leer, pero la atención clínica no está compartimentada: una misma persona puede presentar a la vez estreñimiento, dificultad para evacuar, dolor y pérdidas.
Estreñimiento
Así lo siento, así lo vivo
El estreñimiento puede convertirse en una preocupación diaria y hacer que ir al baño deje de ser un acto sencillo y natural.
¿Qué me está pasando?
El estreñimiento no consiste únicamente en ir pocas veces al baño. Puede manifestarse también como dificultad para evacuar, necesidad de realizar un esfuerzo excesivo, heces duras o sensación de evacuación incompleta.
La defecación requiere una adecuada coordinación entre el colon, el recto, el ano, el suelo pélvico, la musculatura abdominal y el sistema nervioso.
Para evacuar, el recto debe llenarse y generar la sensación de necesidad, mientras que el esfínter anal y el suelo pélvico deben relajarse en el momento adecuado para permitir la salida de las heces.
Cuando esta coordinación se altera, evacuar puede resultar difícil incluso aunque la cantidad de heces y la frecuencia sean aparentemente normales.
¿Por qué me ocurre?
El estreñimiento puede tener diferentes causas y, con frecuencia, intervienen varios factores al mismo tiempo.
Entre ellos pueden encontrarse:
- alimentación y aporte insuficiente de fibra
- ingesta insuficiente de líquidos
- falta de actividad física
- cambios en los hábitos intestinales
- tendencia a retrasar o ignorar el deseo de evacuar
- alteraciones en la movilidad intestinal
- dificultad para coordinar el abdomen y el suelo pélvico durante la defecación
- aumento del tono muscular del suelo pélvico
- antecedentes de embarazo y parto
- alteraciones anatómicas o funcionales del suelo pélvico
- determinados medicamentos
- estrés y factores emocionales
- cambios hormonales a lo largo de las diferentes etapas de la vida
Los cambios hormonales pueden influir en la función intestinal y en la motilidad digestiva. En algunas personas, el tránsito intestinal puede experimentar cambios relacionados con diferentes etapas de la vida.
Esto no significa que el estreñimiento tenga siempre un origen hormonal. Por eso es importante valorar todos los factores que pueden estar participando en cada caso.
¿Cómo podemos ayudarte?
Antes de intervenir, necesitamos comprender cómo está funcionando tu sistema defecatorio y qué factores pueden estar dificultando la evacuación.
Durante la revisión realizamos una valoración funcional individualizada en la que analizamos tus hábitos intestinales, la frecuencia y características de las deposiciones, la sensación de necesidad de evacuar, el esfuerzo que realizas y la coordinación entre abdomen, respiración, recto y suelo pélvico.
Cuando está indicado, complementamos la exploración clínica con ecografía funcional y manometría anorrectal de doble balón, herramientas que nos permiten obtener información objetiva sobre el comportamiento del sistema anorrectal, la capacidad de coordinación durante la defecación, la sensibilidad rectal y otros aspectos que pueden estar relacionados con tus síntomas.
El proceso de rehabilitación puede incluir:
- educación sobre el funcionamiento del sistema defecatorio
- orientación sobre hábitos intestinales
- entrenamiento de la coordinación entre respiración, abdomen y suelo pélvico
- aprendizaje de estrategias para facilitar la evacuación
- trabajo orientado a mejorar la relajación del suelo pélvico cuando está indicado
- biofeedback cuando existe una indicación clínica
- ejercicio terapéutico individualizado
- terapia manual cuando está indicada
- trabajo sobre cicatrices o tejidos que puedan estar condicionando la función
- coordinación con digestivo, coloproctología, ginecología, urología u otros profesionales cuando sea necesario
Cada proceso de rehabilitación se adapta a las características y necesidades de cada persona.
¿Por qué es importante atenderlo?
Muchas personas conviven durante años con el estreñimiento pensando que forma parte de su funcionamiento normal o que simplemente tienen un «tránsito lento».
Sin embargo, cuando la dificultad para evacuar se mantiene en el tiempo, puede favorecer la aparición de otras alteraciones relacionadas con el sistema defecatorio y el suelo pélvico, además de afectar al bienestar físico y emocional.
El esfuerzo repetido durante la defecación puede aumentar las presiones sobre la región pélvica y contribuir a la aparición o el empeoramiento de otras disfunciones cuando existen factores predisponentes.
Por este motivo, suele ser preferible comprender qué está ocurriendo y abordarlo de forma temprana, antes de que los síntomas se hagan más complejos o terminen condicionando la vida cotidiana.
Objetivos del proceso de rehabilitación
Nuestro objetivo es ayudarte a conseguir una evacuación más cómoda, eficaz y coordinada, reduciendo el esfuerzo y mejorando tu relación con el momento de ir al baño.
Trabajaremos contigo para que conozcas mejor tu funcionamiento intestinal y puedas recuperar la confianza en un proceso que debería formar parte de tu vida cotidiana de una manera sencilla.
Evacuar no debería convertirse en una lucha diaria. Comprender qué está dificultando la defecación es el primer paso para recuperar comodidad, autonomía y bienestar.
Dificultad para evacuar
Defecación obstructiva
Así lo siento, así lo vivo
La dificultad para evacuar puede convertirse en una situación frustrante y hacer que ir al baño requiera cada vez más tiempo y esfuerzo.
¿Qué me está pasando?
La defecación es un proceso coordinado en el que participan el recto, el canal anal, el suelo pélvico, la musculatura abdominal y el sistema nervioso.
Cuando las heces llegan al recto, se produce la sensación de necesidad de evacuar. Para que puedan salir, el suelo pélvico y el esfínter anal deben relajarse y coordinarse adecuadamente mientras la presión abdominal facilita la expulsión.
En algunas personas, esta coordinación puede estar alterada. Puede existir dificultad para relajar la musculatura en el momento adecuado, una contracción mantenida o una falta de coordinación entre abdomen y suelo pélvico.
En algunos casos, esta dificultad puede estar relacionada con una alteración de la coordinación entre el recto, el esfínter anal y el suelo pélvico, conocida como disinergia defecatoria.
Por eso, tener una deposición todos los días no significa necesariamente que la evacuación sea normal. Puede existir una dificultad para expulsar las heces aunque la frecuencia sea aparentemente adecuada.
¿Por qué me ocurre?
La dificultad para evacuar puede tener diferentes mecanismos y no siempre existe una única causa.
Pueden intervenir:
- dificultad para coordinar abdomen, recto y suelo pélvico durante la defecación
- dificultad para relajar el suelo pélvico y el esfínter anal
- aumento mantenido del tono muscular del suelo pélvico
- hábitos de evacuación inadecuados
- tendencia a retrasar el deseo de defecar
- estreñimiento mantenido en el tiempo
- cambios en la consistencia de las heces
- alteraciones de la movilidad de los tejidos pélvicos
- antecedentes de embarazo y parto
- cicatrices o cirugías abdominales o pélvicas
- alteraciones estructurales o prolapsos de las estructuras pélvicas
- alteraciones estructurales del recto o del canal anal
- factores hormonales relacionados con las diferentes etapas de la vida
En algunos casos puede existir una alteración funcional de la coordinación que dificulta la expulsión de las heces. En otros, pueden coexistir factores estructurales o intestinales que requieren una valoración médica específica.
Por eso es importante conocer qué está ocurriendo antes de decidir cómo intervenir.
¿Cómo podemos ayudarte?
Antes de intervenir, necesitamos comprender cómo está funcionando tu sistema defecatorio y qué factores pueden estar dificultando la evacuación.
Realizamos una valoración funcional individualizada en la que analizamos tus hábitos intestinales, la sensación de necesidad de evacuar, la forma en que realizas el esfuerzo, la coordinación entre respiración, abdomen y suelo pélvico y la capacidad de relajación durante la defecación.
Cuando está indicado, utilizamos ecografía funcional y manometría anorrectal de doble balón. Estas herramientas nos permiten obtener información objetiva sobre el funcionamiento del sistema anorrectal y, además, pueden utilizarse durante la rehabilitación como herramientas de biofeedback.
El biofeedback permite que puedas observar y comprender lo que está haciendo tu musculatura en tiempo real y aprender progresivamente a contraer, relajar y coordinar las estructuras implicadas en la defecación.
El proceso de rehabilitación puede incluir:
- educación sobre el funcionamiento de la defecación
- aprendizaje de una posición y estrategia adecuadas para evacuar
- entrenamiento de la coordinación entre respiración, abdomen y suelo pélvico
- trabajo específico de relajación del suelo pélvico cuando está indicado
- biofeedback mediante ecografía funcional y/o manometría anorrectal
- estrategias para facilitar la expulsión de las heces
- ejercicio terapéutico individualizado
- terapia manual cuando está indicada
- trabajo sobre cicatrices o tejidos que puedan estar condicionando la función
- coordinación con digestivo, coloproctología, ginecología, urología u otros profesionales cuando sea necesario
El proceso se adapta a los mecanismos que estén participando en cada caso.
¿Por qué es importante atenderlo?
Muchas personas se acostumbran a empujar, pasar mucho tiempo en el baño o realizar maniobras para poder evacuar y terminan considerándolo su forma habitual de ir al baño.
Sin embargo, una dificultad para evacuar que se mantiene en el tiempo es mejor abordarla antes de que se convierta en un problema más complejo.
El esfuerzo repetido durante la defecación puede aumentar las presiones sobre el suelo pélvico y puede relacionarse con otras alteraciones de la región pélvica, especialmente cuando existen factores predisponentes.
Además, la dificultad mantenida puede generar frustración, preocupación y dependencia de determinadas estrategias para conseguir evacuar.
Identificar si existe un problema de coordinación permite dirigir la rehabilitación hacia el mecanismo que realmente está dificultando la evacuación.
Objetivos del proceso de rehabilitación
Nuestro objetivo es ayudarte a recuperar una defecación más fácil, coordinada y eficaz, disminuyendo el esfuerzo y evitando que necesites realizar maniobras para conseguir evacuar.
A través del aprendizaje y del biofeedback, buscamos que puedas reconocer cómo funciona tu musculatura y aprender a utilizarla de forma adecuada durante la defecación.
Tu cuerpo sabe evacuar; cuando la coordinación se ha alterado, aprender a reconocerla y recuperarla puede cambiar por completo la forma de vivir el momento de ir al baño.
Disfunciones relacionadas con hemorroides
Así lo siento, así lo vivo
Las molestias relacionadas con las hemorroides pueden hacer que la persona modifique sus hábitos intestinales y que ir al baño se convierta en una experiencia incómoda o preocupante.
¿Qué me está pasando?
Las hemorroides son estructuras vasculares normales del canal anal que participan en la continencia. Cuando estas estructuras aumentan de tamaño o se desplazan, pueden aparecer síntomas como sangrado, molestias, picor, sensación de presión o protrusión.
La fisioterapia no elimina las hemorroides, pero puede intervenir sobre algunos de los factores funcionales que pueden contribuir a su aparición, mantenimiento o empeoramiento.
La forma de evacuar, el esfuerzo realizado durante la defecación, el estreñimiento y la coordinación del suelo pélvico pueden influir en las presiones que soporta la región anal y pélvica.
¿Por qué me ocurre?
Las molestias relacionadas con las hemorroides pueden estar asociadas a diferentes factores:
- estreñimiento mantenido
- esfuerzo excesivo durante la defecación
- permanecer mucho tiempo en el inodoro
- hábitos intestinales inadecuados
- dificultad para coordinar la respiración, el abdomen y el suelo pélvico
- dificultad para relajar el suelo pélvico durante la evacuación
- embarazo y posparto
- cambios hormonales y vasculares durante el embarazo
- sedentarismo
- determinados factores relacionados con la alimentación y la consistencia de las heces
No todas las molestias anales se deben a hemorroides. El sangrado rectal, el dolor intenso o cualquier síntoma nuevo o persistente debe ser valorado por el profesional sanitario correspondiente, especialmente para descartar otras causas.
¿Cómo podemos ayudarte?
Antes de intervenir, necesitamos comprender cómo está funcionando tu sistema defecatorio y qué factores pueden estar aumentando la presión sobre la región anal.
Realizamos una valoración funcional individualizada de tus hábitos intestinales, la forma de evacuar, el esfuerzo que realizas y la coordinación entre respiración, abdomen y suelo pélvico.
Cuando está indicado, podemos utilizar ecografía funcional y manometría anorrectal de doble balón para complementar la valoración y conocer mejor el funcionamiento del sistema anorrectal.
Estas herramientas también pueden utilizarse durante el proceso de rehabilitación como biofeedback, ayudándote a comprender cómo estás utilizando tu musculatura y a mejorar la coordinación y la capacidad de relajación cuando sea necesario.
El proceso de rehabilitación puede incluir:
- educación sobre el funcionamiento de la defecación
- orientación sobre hábitos intestinales
- aprendizaje de estrategias para disminuir el esfuerzo durante la evacuación
- trabajo de coordinación entre respiración, abdomen y suelo pélvico
- entrenamiento de la relajación del suelo pélvico cuando está indicado
- biofeedback mediante ecografía funcional y/o manometría anorrectal
- ejercicio terapéutico individualizado
- terapia manual cuando está indicada
- trabajo sobre factores que puedan estar contribuyendo a aumentar la presión en la región pélvica
- coordinación con coloproctología, digestivo, ginecología, urología u otros profesionales cuando sea necesario
La fisioterapia puede complementar el abordaje médico de las hemorroides, pero no sustituye la valoración ni los procedimientos proctológicos cuando están indicados.
¿Por qué es importante atenderlo?
Cuando las molestias hemorroidales se mantienen en el tiempo, es frecuente que la persona modifique su forma de ir al baño: evita evacuar, empuja más, permanece mucho tiempo en el inodoro o desarrolla estrategias que pueden terminar manteniendo el problema.
Además, el estreñimiento y la dificultad para evacuar pueden coexistir con las hemorroides y convertirse en un círculo en el que evacuar resulta difícil, se realiza más esfuerzo y la región anal se irrita o molesta más.
Comprender cómo estás evacuando y qué factores pueden estar aumentando la presión sobre la región anal permite intervenir sobre aquellos aspectos funcionales que sí pueden modificarse mediante rehabilitación.
Objetivos del proceso de rehabilitación
Nuestro objetivo es ayudarte a mejorar la forma de evacuar, reducir el esfuerzo y favorecer una adecuada coordinación del sistema defecatorio.
Buscamos que puedas ir al baño con mayor comodidad y sin miedo a que cada evacuación vuelva a desencadenar molestias.
Cuidar la forma en la que evacuas también es cuidar tu salud proctológica. Comprender qué factores están influyendo puede ayudarte a romper el círculo de esfuerzo, molestias y preocupación.
Fisuras anales
Así lo siento, así lo vivo
En muchas ocasiones, la fisura comienza de forma ocasional y puede mejorar. Cuando los episodios se repiten o se mantienen en el tiempo, el dolor puede modificar la forma de evacuar y favorecer la aparición de tensión y alteraciones en la coordinación del suelo pélvico.
¿Qué me está pasando?
Una fisura anal es una pequeña lesión o desgarro de la mucosa del canal anal que puede producir dolor, escozor y sangrado durante o después de la defecación.
El dolor puede provocar una respuesta de protección de la musculatura que rodea el ano. Esta contracción puede dificultar la relajación durante la evacuación y aumentar el esfuerzo, favoreciendo que se mantenga el círculo de:
dolor → contracción muscular → dificultad para evacuar → mayor esfuerzo → irritación → más dolor.
En las fisuras que se mantienen en el tiempo es relativamente frecuente encontrar alteraciones de la coordinación de la defecación. En algunos casos puede existir disinergia defecatoria, en la que el suelo pélvico y el esfínter anal no se relajan adecuadamente durante la evacuación.
Por eso, además de atender la propia fisura, es importante comprender cómo está funcionando el sistema defecatorio y qué factores pueden estar dificultando su recuperación.
¿Por qué me ocurre?
Las fisuras anales pueden aparecer por diferentes motivos y no siempre existe una única causa.
Pueden relacionarse con:
- evacuación de heces duras o voluminosas
- estreñimiento y esfuerzo excesivo al defecar
- episodios de diarrea o deposiciones frecuentes
- alteraciones en la coordinación de la defecación
- aumento mantenido del tono muscular de la región anal y del suelo pélvico
- dificultad para relajar la musculatura durante la evacuación
- embarazo y parto
- cambios en los hábitos intestinales
- determinados procesos inflamatorios o enfermedades intestinales
Cuando aparece dolor, el organismo puede responder aumentando la contracción de la musculatura como mecanismo de protección. Si esta situación se mantiene, puede dificultar todavía más la evacuación y contribuir a que la fisura no termine de recuperarse.
Una fisura que aparece de forma ocasional merece atención cuando se repite o no termina de resolverse, para intentar evitar que el problema se cronifique.
¿Cómo podemos ayudarte?
Antes de intervenir, necesitamos comprender cómo está funcionando tu sistema defecatorio y qué factores pueden estar contribuyendo a mantener la fisura.
Realizamos una valoración funcional individualizada, teniendo en cuenta tus hábitos intestinales, la forma de evacuar, el esfuerzo que realizas, el dolor y la respuesta de la musculatura del suelo pélvico y de la región anal.
Cuando está indicado, podemos utilizar ecografía funcional y manometría anorrectal de doble balón. Estas herramientas nos permiten conocer mejor el funcionamiento del sistema anorrectal y, además, utilizarlas durante el proceso de rehabilitación como biofeedback, ayudándote a reconocer y modificar la respuesta de la musculatura.
El proceso de rehabilitación puede incluir:
- educación sobre el funcionamiento de la defecación
- orientación sobre hábitos intestinales
- estrategias para disminuir el esfuerzo durante la evacuación
- trabajo de coordinación entre respiración, abdomen y suelo pélvico
- entrenamiento de la relajación de la musculatura cuando está indicado
- biofeedback mediante ecografía funcional y/o manometría anorrectal
- técnicas de fisioterapia dirigidas al manejo del dolor
- electromodulación cuando está indicada
- radiofrecuencia de 448 kHz, aplicada según las características y evolución de la fisura
- ondas de choque, cuando están indicadas dentro del proceso de recuperación
- técnicas manuales y de tratamiento de los tejidos cuando la situación lo permite
- ejercicio terapéutico individualizado
- coordinación con coloproctología, digestivo, ginecología, urología u otros profesionales cuando sea necesario
Estas herramientas pueden utilizarse de forma combinada o individualizada según la fase de la fisura, los síntomas y las características de cada persona.
La rehabilitación se plantea como un abordaje complementario al seguimiento médico, especialmente cuando la fisura es persistente, recidivante o presenta características que requieren valoración especializada.
¿Por qué es importante atenderlo?
Una fisura puede comenzar como un episodio puntual y resolverse, pero cuando el dolor y la dificultad para evacuar se mantienen, puede establecerse un círculo que favorezca su persistencia.
El dolor puede hacer que evites ir al baño, que aumentes la tensión muscular o que realices más esfuerzo durante la evacuación. Con el tiempo, esta respuesta puede favorecer alteraciones en la coordinación de la defecación y contribuir a que la fisura se vuelva recurrente o crónica.
Por eso, no es necesario esperar a que una fisura se convierta en un problema crónico para atenderla. Comprender cómo estás evacuando y valorar la función de la musculatura puede permitir intervenir sobre los factores que están dificultando la recuperación.
Objetivos del proceso de rehabilitación
Nuestro objetivo es favorecer la recuperación de la fisura, mejorar el manejo del dolor y conseguir una evacuación más cómoda y coordinada, reduciendo aquellos factores que puedan estar contribuyendo a mantener el problema.
Trabajaremos para disminuir la respuesta de protección muscular, mejorar la capacidad de relajación y coordinación del suelo pélvico y ayudarte a recuperar progresivamente la confianza al ir al baño.
Una fisura no tiene por qué convertirse en un problema que te acompañe durante años. Atenderla cuando aparece, comprender qué puede estar manteniéndola y trabajar de forma coordinada puede ayudarte a recuperar comodidad y bienestar.
Dolor anorrectal
Así lo siento, así lo vivo
El dolor anorrectal puede presentarse de formas muy diferentes y variar en intensidad y duración. En ocasiones aparece de manera puntual y en otras puede mantenerse o repetirse durante meses.
¿Qué me está pasando?
El dolor anorrectal puede tener diferentes orígenes. Puede estar relacionado con los tejidos de la región anal y rectal, con la musculatura del suelo pélvico, con el funcionamiento intestinal o con la forma en que el sistema nervioso procesa las señales procedentes de esta zona.
En algunos casos existe una causa identificable, como una fisura, hemorroides, inflamación o una lesión. En otros, las pruebas médicas no encuentran una alteración que explique completamente el dolor.
Cuando el dolor se mantiene, la musculatura del suelo pélvico puede responder aumentando su actividad como mecanismo de protección. Esta respuesta puede generar más tensión, sensibilidad y dolor, creando un círculo que puede mantener los síntomas.
Por eso, el dolor anorrectal no siempre significa que exista una lesión en el ano o en el recto. Es necesario comprender cómo están funcionando los diferentes componentes de la región pélvica.
¿Por qué me ocurre?
El dolor anorrectal puede estar relacionado con diferentes factores, que pueden aparecer de forma aislada o combinada:
- fisuras anales
- hemorroides
- procesos inflamatorios o infecciosos
- cirugías o procedimientos anorrectales
- cicatrices y alteraciones de la movilidad de los tejidos
- estreñimiento y esfuerzo mantenido durante la defecación
- alteraciones de la coordinación durante la evacuación
- aumento mantenido del tono muscular del suelo pélvico
- disfunciones de la musculatura anal
- sensibilización de los tejidos o del sistema nervioso
- antecedentes de embarazo y parto
- dolor pélvico persistente
- factores emocionales y de estrés que pueden influir en la experiencia del dolor
En ocasiones, el dolor puede mantenerse aunque la causa que lo desencadenó inicialmente ya se haya resuelto. Esto ocurre porque el sistema nervioso y la musculatura pueden permanecer en un estado de mayor sensibilidad o protección.
Por eso es importante valorar tanto los tejidos como la función y la forma en que responde el sistema neuromuscular.
¿Cómo podemos ayudarte?
Antes de intervenir, necesitamos comprender qué puede estar generando o manteniendo tu dolor y cómo está funcionando el sistema anorrectal y el suelo pélvico.
Realizamos una valoración funcional individualizada en la que tenemos en cuenta las características del dolor, cuándo aparece, qué actividades lo modifican y cómo están funcionando la defecación, la musculatura y la movilidad de los tejidos.
Cuando está indicado, podemos utilizar ecografía funcional y manometría anorrectal de doble balón para complementar la valoración. Además, estas herramientas pueden utilizarse durante el proceso de rehabilitación como biofeedback, ayudándote a reconocer la actividad y relajación de la musculatura.
El proceso de rehabilitación puede incluir:
- educación sobre los mecanismos del dolor
- estrategias para mejorar la función defecatoria
- trabajo de relajación del suelo pélvico cuando existe aumento del tono muscular
- biofeedback mediante ecografía funcional y/o manometría anorrectal
- técnicas manuales dirigidas a los tejidos cuando están indicadas
- técnicas de fisioterapia para el manejo del dolor
- electromodulación cuando está indicada
- radiofrecuencia cuando existe una indicación clínica
- ejercicio terapéutico individualizado
- trabajo de movilidad y sensibilidad de los tejidos
- estrategias para recuperar progresivamente las actividades que se han visto limitadas por el dolor
- coordinación con coloproctología, digestivo, ginecología, urología, unidad del dolor u otros profesionales cuando sea necesario
El proceso de rehabilitación se adapta al origen y a las características del dolor de cada persona.
¿Por qué es importante atenderlo?
El dolor anorrectal puede afectar mucho más allá del momento de ir al baño. Puede dificultar permanecer sentado, viajar, trabajar, hacer ejercicio, mantener relaciones sexuales o realizar actividades cotidianas.
Cuando el dolor se mantiene, es frecuente que aparezcan conductas de protección: evitar determinadas posturas, limitar actividades o anticipar dolor antes de ir al baño.
Además, la tensión muscular mantenida puede contribuir a perpetuar el problema.
No es necesario acostumbrarse a vivir con dolor anorrectal. Una valoración adecuada permite identificar si existe una causa que necesita atención médica y, cuando existe un componente funcional, trabajar sobre los mecanismos que pueden estar manteniendo los síntomas.
Objetivos del proceso de rehabilitación
Nuestro objetivo es ayudarte a comprender qué puede estar ocurriendo, disminuir el impacto del dolor y recuperar progresivamente la función de la región anorrectal.
Trabajaremos sobre aquellos factores que puedan estar contribuyendo a mantener el dolor, favoreciendo una mejor capacidad de relajación, coordinación y adaptación de los tejidos y del sistema nervioso.
El dolor puede cambiar la forma en la que utilizas y percibes tu cuerpo. Comprenderlo y recuperar progresivamente la confianza en la zona es parte importante del proceso de rehabilitación.
Alteraciones después de cirugía colorrectal o proctológica
Así lo siento, así lo vivo
Después de una cirugía colorrectal o proctológica pueden aparecer cambios en la función intestinal y anorrectal. Estos cambios pueden ser temporales o mantenerse durante más tiempo y afectar de manera importante a la vida cotidiana.
¿Qué me está pasando?
Las intervenciones sobre el colon, el recto, el ano o las estructuras cercanas pueden modificar temporal o permanentemente la anatomía y el funcionamiento del sistema defecatorio.
Después de una cirugía pueden aparecer alteraciones en:
- la frecuencia de las deposiciones
- la urgencia para evacuar
- la capacidad para retener gases o heces
- la sensibilidad rectal
- la capacidad para almacenar las heces
- la coordinación de la defecación
- la movilidad de los tejidos y de las cicatrices
En algunas personas puede aparecer un conjunto de síntomas conocido como síndrome de resección anterior baja (LARS) después de determinadas cirugías rectales. Puede incluir urgencia, aumento de la frecuencia, fragmentación de las deposiciones, incontinencia o dificultad para diferenciar y controlar la necesidad de evacuar.
La fisioterapia puede ayudar a abordar determinados componentes funcionales de estas alteraciones, siempre teniendo en cuenta el tipo de cirugía y la evolución médica.
¿Por qué me ocurre?
Los cambios después de una cirugía colorrectal o proctológica pueden estar relacionados con diferentes factores:
- modificación de la anatomía del colon o del recto
- cambios en la capacidad de almacenamiento del recto
- alteraciones de la sensibilidad rectal
- afectación o adaptación de la musculatura del suelo pélvico y esfínteres
- cambios en la coordinación durante la defecación
- cicatrices y adherencias
- cambios en la movilidad de los tejidos
- alteraciones del tránsito intestinal
- efectos de tratamientos complementarios, como la radioterapia
- disminución de la actividad física durante la recuperación
En algunos casos, el sistema defecatorio necesita un periodo de adaptación después de la cirugía. En otros, determinados cambios pueden mantenerse y requerir un abordaje específico.
Por eso es importante valorar individualmente qué función se ha alterado y qué mecanismos pueden estar participando.
¿Cómo podemos ayudarte?
Antes de intervenir, necesitamos comprender cómo está funcionando tu sistema defecatorio después de la cirugía y conocer qué cambios han aparecido respecto a tu situación anterior.
Realizamos una valoración funcional individualizada de la continencia, frecuencia y urgencia defecatoria, sensibilidad, evacuación, musculatura del suelo pélvico y movilidad de los tejidos y cicatrices.
Cuando está indicado, utilizamos ecografía funcional y manometría anorrectal de doble balón para complementar la valoración. Estas herramientas también pueden utilizarse durante el proceso de rehabilitación como biofeedback, permitiéndote visualizar y comprender cómo responde tu musculatura y aprender a mejorar su coordinación.
El proceso de rehabilitación puede incluir:
- educación sobre los cambios funcionales después de la cirugía
- estrategias para mejorar el control de la urgencia
- entrenamiento de la continencia fecal y de gases
- trabajo de coordinación y respuesta del suelo pélvico
- biofeedback mediante ecografía funcional y/o manometría anorrectal
- entrenamiento de la sensibilidad y capacidad de respuesta rectal cuando está indicado
- estrategias para mejorar la evacuación
- tratamiento de cicatrices y tejidos cuando está indicado
- ejercicio terapéutico individualizado
- técnicas de fisioterapia para el manejo del dolor cuando existe
- electromodulación cuando está indicada
- coordinación con coloproctología, digestivo, oncología u otros profesionales implicados en tu proceso
El programa se adapta al tipo de cirugía, al tiempo transcurrido desde la intervención y a las alteraciones que presente cada persona.
¿Por qué es importante atenderlo?
Los cambios intestinales después de una cirugía pueden llegar a condicionar actividades tan sencillas como salir de casa, viajar, trabajar o hacer ejercicio.
La urgencia, las pérdidas o la necesidad de ir al baño repetidamente pueden generar inseguridad y hacer que algunas personas limiten sus actividades por miedo a no encontrar un baño a tiempo.
Por otro lado, la dificultad para evacuar o la sensación de evacuación incompleta también pueden convertirse en un problema mantenido.
La cirugía puede haber cambiado tu forma de evacuar, pero eso no significa que tengas que resignarte a convivir con las limitaciones. Una valoración funcional permite conocer qué ha cambiado y qué aspectos pueden beneficiarse de rehabilitación.
Objetivos del proceso de rehabilitación
Nuestro objetivo es ayudarte a recuperar el mayor control y autonomía posibles sobre tu función intestinal después de la cirugía.
Trabajaremos para mejorar la continencia, gestionar mejor la urgencia, favorecer una evacuación adecuada y recuperar progresivamente la confianza en tu cuerpo y en tus actividades cotidianas.
Después de una cirugía colorrectal o proctológica, recuperar la función también forma parte de la recuperación. Te acompañamos para que puedas volver a confiar en tu cuerpo y en tu vida cotidiana.
Rehabilitación después de tratamiento oncológico colorrectal
Así lo siento, así lo vivo
Estos cambios pueden aparecer durante o después del tratamiento y pueden mantenerse una vez finalizado. No siempre afectan de la misma manera a todas las personas.
¿Qué me está pasando?
Los tratamientos utilizados en el cáncer colorrectal, como la cirugía, la radioterapia o determinados tratamientos sistémicos, pueden producir cambios en el funcionamiento del sistema intestinal y anorrectal.
Pueden aparecer alteraciones en la frecuencia de las deposiciones, urgencia, continencia, sensibilidad rectal o capacidad para evacuar.
En algunas personas, después de una cirugía rectal puede aparecer el síndrome de resección anterior baja (LARS), que puede incluir urgencia, aumento de la frecuencia, fragmentación de las deposiciones, dificultad para controlar las heces o sensación de evacuación incompleta.
Además, la cirugía y la radioterapia pueden modificar los tejidos, las cicatrices y la movilidad de la región pélvica.
Estas alteraciones pueden mejorar progresivamente o mantenerse en el tiempo. Por eso es importante valorar individualmente qué funciones se han visto afectadas.
¿Por qué me ocurre?
Los cambios después de un tratamiento oncológico colorrectal pueden estar relacionados con diferentes factores:
- cirugía y modificación de la anatomía del colon o recto
- cambios en la capacidad de almacenamiento rectal
- alteraciones de la sensibilidad rectal
- cambios en la musculatura del suelo pélvico y los esfínteres
- alteraciones de la coordinación durante la defecación
- cicatrices y adherencias
- efectos de la radioterapia sobre los tejidos
- cambios en la movilidad y elasticidad de los tejidos
- alteraciones del tránsito intestinal
- cambios en los hábitos de actividad física durante el proceso de recuperación
En ocasiones pueden coexistir diferentes mecanismos, por lo que no siempre existe una única explicación para los síntomas.
¿Cómo podemos ayudarte?
Antes de intervenir, necesitamos comprender cómo está funcionando tu sistema defecatorio después del tratamiento y qué cambios han aparecido respecto a tu situación anterior.
Realizamos una valoración funcional individualizada de la continencia, frecuencia y urgencia defecatoria, sensibilidad, capacidad de evacuación, musculatura del suelo pélvico y movilidad de los tejidos y cicatrices.
Cuando está indicado, utilizamos ecografía funcional y manometría anorrectal de doble balón para complementar la valoración. Estas herramientas también pueden utilizarse durante el proceso de rehabilitación como biofeedback, permitiéndote visualizar y comprender cómo responde tu musculatura y aprender a mejorar su coordinación.
El proceso de rehabilitación puede incluir:
- educación sobre los cambios funcionales después del tratamiento
- estrategias para gestionar la urgencia defecatoria
- entrenamiento de la continencia fecal y de gases
- trabajo de coordinación y respuesta del suelo pélvico
- biofeedback mediante ecografía funcional y/o manometría anorrectal
- entrenamiento de la sensibilidad y respuesta rectal cuando está indicado
- estrategias para favorecer una evacuación adecuada
- tratamiento de cicatrices y tejidos cuando está indicado
- ejercicio terapéutico individualizado
- técnicas de fisioterapia para el manejo del dolor
- electromodulación cuando está indicada
- coordinación con coloproctología, digestivo, oncología, nutrición u otros profesionales implicados en el proceso
El proceso de rehabilitación se adapta al tipo de tratamiento recibido, al momento de la recuperación y a las necesidades de cada persona.
¿Por qué es importante atenderlo?
Después de superar un proceso oncológico, recuperar la función intestinal puede ser una parte importante de la recuperación de la calidad de vida.
La urgencia, las pérdidas, la frecuencia elevada de las deposiciones o la dificultad para evacuar pueden condicionar actividades cotidianas y generar inseguridad a la hora de salir de casa, viajar, trabajar o realizar ejercicio.
Además, algunas personas pueden pensar que estos cambios son una consecuencia inevitable del tratamiento y que deben aprender a convivir con ellos.
Los cambios funcionales después de un tratamiento oncológico merecen ser valorados. Aunque no siempre sea posible recuperar completamente la función previa, conocer qué está ocurriendo permite trabajar sobre aquellos aspectos que sí pueden mejorar.
Objetivos del proceso de rehabilitación
Nuestro objetivo es ayudarte a recuperar el mayor grado posible de control, autonomía y confianza en tu función intestinal después del tratamiento oncológico.
Trabajaremos para mejorar la continencia, gestionar la urgencia, facilitar la evacuación y recuperar progresivamente la confianza en tu cuerpo y en tus actividades cotidianas.
Superar el cáncer también significa recuperar tu vida después del tratamiento. Cuidar y rehabilitar tu función intestinal puede formar parte de ese camino.
Incontinencia de gases y fecal
Así lo siento, así lo vivo
Las pérdidas de gases o heces pueden generar mucha inseguridad y llevar a modificar actividades cotidianas, incluso cuando las pérdidas son pequeñas.
¿Qué me está pasando?
La continencia fecal es la capacidad de retener gases y heces hasta encontrar el momento y el lugar adecuados para evacuar.
Para conseguirlo intervienen el recto, el esfínter anal, el suelo pélvico, la sensibilidad rectal, el sistema nervioso y la consistencia de las heces. Todos estos elementos necesitan funcionar de manera coordinada.
La incontinencia puede manifestarse de diferentes formas: pérdida involuntaria de gases, manchado o ensuciamiento de la ropa interior por pequeñas cantidades de materia fecal (soiling), pérdidas de heces de mayor cantidad o dificultad para llegar al baño cuando aparece una necesidad urgente de evacuar.
También puede aparecer como urgencia fecal, cuando existe una necesidad intensa de evacuar y resulta difícil llegar al baño a tiempo.
¿Por qué me ocurre?
La incontinencia de gases o fecal puede tener diferentes causas y, con frecuencia, intervienen varios factores.
Puede estar relacionada con:
- disminución de la fuerza o resistencia de la musculatura del suelo pélvico y los esfínteres
- alteraciones de la sensibilidad rectal
- dificultad para responder adecuadamente ante la llegada de heces al recto
- alteraciones de la coordinación durante la continencia y la defecación
- antecedentes de embarazo y parto, especialmente cuando han existido lesiones del esfínter anal
- cirugías anorrectales o colorrectales
- tratamientos oncológicos
- alteraciones neurológicas
- diarrea o heces demasiado líquidas
- estreñimiento mantenido o acumulación de heces
- urgencia defecatoria
- cambios relacionados con la edad o con diferentes etapas hormonales
Por eso, no siempre se trata simplemente de tener «poca fuerza». Es importante conocer cómo están funcionando todos los componentes implicados en la continencia.
¿Cómo podemos ayudarte?
Antes de intervenir, necesitamos comprender cómo está funcionando tu sistema de continencia y qué factores pueden estar relacionados con las pérdidas.
Realizamos una valoración funcional individualizada en la que analizamos el tipo de pérdida, su frecuencia, la consistencia de las heces, la sensibilidad rectal, la capacidad de contracción y relajación de la musculatura y la coordinación durante la continencia y la defecación.
Cuando está indicado, utilizamos ecografía funcional y manometría anorrectal de doble balón para obtener información objetiva sobre el funcionamiento del sistema anorrectal. Además, estas herramientas pueden utilizarse durante el proceso de rehabilitación como biofeedback, permitiéndote visualizar y comprender cómo funciona tu musculatura y aprender a utilizarla de forma más eficaz.
El proceso de rehabilitación puede incluir:
- educación sobre el funcionamiento de la continencia
- entrenamiento específico de la musculatura del suelo pélvico y esfínteres
- trabajo de resistencia y respuesta ante los aumentos de presión
- entrenamiento para mejorar el control de la urgencia
- biofeedback mediante ecografía funcional y/o manometría anorrectal
- trabajo sobre la sensibilidad y respuesta rectal cuando está indicado
- estrategias para mejorar la coordinación durante la defecación
- ejercicio terapéutico individualizado
- electromodulación cuando está indicada
- trabajo sobre cicatrices y tejidos cuando pueden estar influyendo
- coordinación con coloproctología, digestivo, ginecología, urología, neurología u otros profesionales cuando sea necesario
El proceso de rehabilitación se adapta al tipo de pérdida, su origen y las características de cada persona.
¿Por qué es importante atenderlo?
La pérdida de gases o heces puede tener una repercusión importante aunque la cantidad sea pequeña.
Muchas personas modifican su forma de vestir, dejan de realizar determinadas actividades, evitan viajar o salir de casa y organizan su vida en función de la proximidad de un baño.
Además, es frecuente que exista vergüenza o dificultad para hablar del problema, por lo que algunas personas tardan años en consultar.
Las pérdidas no deberían normalizarse como una consecuencia inevitable del parto, de la edad o de una cirugía. Una valoración adecuada permite conocer qué está ocurriendo y qué posibilidades de mejora existen.
Objetivos del proceso de rehabilitación
Nuestro objetivo es ayudarte a mejorar el control de gases y heces, aumentar tu seguridad y recuperar progresivamente aquellas actividades que has dejado de hacer por miedo a las pérdidas.
Trabajaremos para que puedas reconocer mejor las señales de tu cuerpo y utilizar de forma coordinada la musculatura y las estrategias necesarias para responder ante ellas.
Hablar de las pérdidas es el primer paso para dejar de organizar tu vida alrededor del miedo a que ocurran. Recuperar el control también significa recuperar libertad y confianza.
Urgencia defecatoria
Así lo siento, así lo vivo
La urgencia defecatoria puede condicionar la vida cotidiana incluso cuando no existen pérdidas. La necesidad constante de localizar un baño puede generar inseguridad y limitar actividades que antes realizabas con normalidad.
¿Qué me está pasando?
La urgencia defecatoria es una necesidad repentina e intensa de evacuar que resulta difícil de posponer.
La continencia depende de la capacidad del recto para recibir y almacenar las heces, percibir su contenido y transmitir esa información al sistema nervioso. A su vez, el esfínter anal y el suelo pélvico deben responder adecuadamente para mantener la continencia hasta encontrar el momento y el lugar apropiados para evacuar.
Cuando este sistema no consigue adaptarse adecuadamente a la llegada de las heces, puede aparecer una sensación de urgencia que deja poco margen para llegar al baño.
La urgencia puede aparecer de forma aislada o acompañar a otras alteraciones, como incontinencia fecal, aumento de la frecuencia de las deposiciones, cambios en la consistencia de las heces o alteraciones de la sensibilidad rectal.
¿Por qué me ocurre?
La urgencia defecatoria puede tener diferentes mecanismos y, con frecuencia, intervienen varios factores.
Puede estar relacionada con:
- cambios en la consistencia de las heces, especialmente cuando son blandas o líquidas
- aumento de la frecuencia de las deposiciones
- alteraciones de la sensibilidad rectal
- disminución de la capacidad de almacenamiento del recto
- dificultad para controlar adecuadamente la llegada de las heces al recto
- alteraciones de la coordinación del suelo pélvico y los esfínteres
- antecedentes de embarazo y parto
- cirugías colorrectales o proctológicas
- tratamientos oncológicos, especialmente después de determinadas cirugías rectales
- síndrome de resección anterior baja (LARS)
- procesos inflamatorios o alteraciones intestinales
- determinados medicamentos
- cambios relacionados con diferentes etapas de la vida
En algunos casos, la urgencia puede aparecer porque el recto se ha vuelto más sensible y transmite antes la necesidad de evacuar. En otros, puede existir una menor capacidad para almacenar las heces o una respuesta insuficiente de la musculatura.
Por eso es importante valorar qué está generando la urgencia y cómo está funcionando el sistema de continencia, en lugar de centrarnos únicamente en intentar aguantar las ganas.
¿Cómo podemos ayudarte?
Antes de intervenir, necesitamos comprender cómo está funcionando tu sistema de continencia y qué factores pueden estar relacionados con la urgencia.
Realizamos una valoración funcional individualizada en la que analizamos cuándo aparece la urgencia, cuánto tiempo puedes posponerla, la frecuencia y consistencia de las deposiciones, la sensibilidad rectal y la capacidad de respuesta de la musculatura del suelo pélvico y los esfínteres.
Cuando está indicado, utilizamos ecografía funcional y manometría anorrectal de doble balón para complementar la valoración. Estas herramientas también pueden utilizarse durante el proceso de rehabilitación como biofeedback, permitiéndote visualizar y comprender la actividad de tu musculatura y aprender a utilizarla de manera coordinada ante determinadas situaciones.
El proceso de rehabilitación puede incluir:
- educación sobre el funcionamiento de la continencia y la urgencia
- estrategias para gestionar y posponer progresivamente la necesidad de evacuar
- entrenamiento de la respuesta del suelo pélvico y los esfínteres
- trabajo de coordinación entre respiración, abdomen y suelo pélvico
- biofeedback mediante ecografía funcional y/o manometría anorrectal
- trabajo sobre la sensibilidad y respuesta rectal cuando está indicado
- ejercicio terapéutico individualizado
- electromodulación cuando está indicada
- orientación sobre hábitos intestinales cuando pueden estar influyendo
- estrategias para recuperar progresivamente las actividades que se han visto limitadas por la urgencia
- coordinación con digestivo, coloproctología, ginecología, urología u otros profesionales cuando sea necesario
Cada proceso de rehabilitación se adapta al origen de la urgencia y a las características de cada persona.
¿Por qué es importante atenderlo?
La urgencia defecatoria puede hacer que una persona organice su vida alrededor de la disponibilidad de un baño.
Puede condicionar viajes, trabajo, ejercicio, actividades sociales o simplemente salir de casa con tranquilidad. Además, cuando la urgencia se acompaña de pérdidas, el impacto puede ser todavía mayor.
En ocasiones, la persona aprende a convivir con la urgencia y deja de considerarla un problema porque todavía consigue llegar al baño a tiempo. Sin embargo, tener que interrumpir constantemente una actividad o necesitar siempre un baño cerca también puede ser una alteración de la función intestinal.
Comprender qué está provocando la urgencia permite valorar si existen factores sobre los que podemos intervenir y si es necesario coordinar el proceso con otros profesionales.
Objetivos del proceso de rehabilitación
Nuestro objetivo es ayudarte a mejorar la capacidad de reconocer, gestionar y posponer la necesidad de evacuar, aumentando el margen de tiempo disponible para llegar al baño.
Buscamos que puedas recuperar progresivamente la confianza para salir de casa, viajar, trabajar, hacer ejercicio y realizar tus actividades cotidianas sin tener que estar constantemente pendiente de encontrar un baño.
Tener ganas de evacuar es normal; vivir pendiente de si llegarás a tiempo no debería formar parte de tu día a día. Aprender a comprender y gestionar la urgencia puede ayudarte a recuperar libertad y confianza.
Sensación constante de querer evacuar
Tenesmo rectal
Así lo siento, así lo vivo
Esta sensación puede ser muy molesta y hacer que ir al baño se convierta en un proceso repetitivo, largo y frustrante.
¿Qué me está pasando?
El recto tiene, entre otras funciones, la capacidad de percibir los cambios de presión y de contenido en su interior. Esta información llega al sistema nervioso y nos permite reconocer cuándo necesitamos evacuar.
Pero la sensación de presión que percibimos en la zona rectal no siempre procede de la presencia de heces. Puede estar influida por la actividad de la musculatura del suelo pélvico, la tensión y movilidad de los tejidos, la sensibilidad de la zona y también por cambios en las presiones del conjunto abdominopélvico y diafragmático.
La forma en que respiramos, la actividad del diafragma y la gestión de las presiones dentro del abdomen y la pelvis pueden modificar las fuerzas que recibe la región rectal y contribuir a generar o mantener esta sensación.
Por eso, podemos sentir que necesitamos evacuar aunque el recto no esté lleno o aunque acabemos de hacerlo.
Cuando esta percepción se mantiene, puede aparecer la necesidad de volver al baño repetidamente, realizar esfuerzos innecesarios o mantener la musculatura contraída, lo que a su vez puede aumentar la sensación de presión y dificultad para relajarse.
¿Por qué me ocurre?
Esta sensación puede aparecer cuando existe una alteración en la forma en que se perciben, transmiten o interpretan las señales procedentes de la región rectal y pélvica.
Puede estar relacionada con diferentes factores, entre ellos:
- alteraciones de la sensibilidad rectal
- dificultad para interpretar adecuadamente las señales de llenado
- aumento mantenido del tono muscular del suelo pélvico
- dificultad para relajar la musculatura durante la evacuación
- alteraciones de la coordinación entre recto, esfínter anal y suelo pélvico
- aumento o mala gestión de las presiones abdominopélvicas
- alteraciones en la movilidad o funcionamiento del diafragma
- cambios en la movilidad o sensibilidad de los tejidos pélvicos
- dificultad para gestionar las presiones durante la respiración, el movimiento o el esfuerzo
- estreñimiento o dificultad para realizar una evacuación eficaz
- cambios en la consistencia o frecuencia de las deposiciones
- cambios en la sensibilidad o funcionamiento de la región anorrectal después de determinadas cirugías o tratamientos
En algunos casos pueden coexistir varios de estos factores.
Por eso, más que centrarnos únicamente en la sensación de «tener algo dentro», necesitamos comprender cómo está funcionando el sistema que genera y regula esa sensación, incluyendo la relación entre respiración, diafragma, abdomen, pelvis y región anorrectal.
¿Cómo podemos ayudarte?
Antes de intervenir, necesitamos comprender qué puede estar generando esta sensación y cómo está funcionando tu sistema defecatorio y abdominopélvico.
Realizamos una valoración funcional individualizada de tus hábitos intestinales, frecuencia de las deposiciones, sensación de evacuación, esfuerzo, urgencia y características de las molestias. También observamos cómo se relacionan la respiración, el diafragma, el abdomen y el suelo pélvico con la función defecatoria.
Cuando está indicado, podemos utilizar ecografía funcional y manometría anorrectal de doble balón para complementar la valoración y conocer mejor el funcionamiento del sistema anorrectal. Estas herramientas también pueden utilizarse durante el proceso de rehabilitación como biofeedback.
El proceso de rehabilitación puede incluir:
- educación sobre el funcionamiento del sistema defecatorio
- estrategias para mejorar la evacuación cuando existe dificultad para vaciar
- trabajo de coordinación entre respiración, diafragma, abdomen y suelo pélvico
- entrenamiento para mejorar la gestión de las presiones abdominopélvicas
- trabajo específico de relajación cuando existe aumento del tono muscular
- biofeedback mediante ecografía funcional y/o manometría anorrectal
- trabajo sobre la sensibilidad y respuesta rectal cuando está indicado
- técnicas de fisioterapia para el manejo del dolor o las molestias
- ejercicio terapéutico individualizado
- terapia manual cuando está indicada
- trabajo sobre cicatrices y tejidos cuando pueden estar influyendo
- coordinación con digestivo, coloproctología, ginecología, urología u otros profesionales cuando sea necesario
El proceso de rehabilitación se adapta al mecanismo que esté participando en cada caso.
¿Por qué es importante atenderlo?
Esta sensación puede convertirse en un círculo en el que la necesidad constante de evacuar lleva a realizar múltiples intentos en el baño, aumentar el esfuerzo y mantener la tensión de la musculatura.
También puede hacer que dejes de confiar en las señales de tu propio cuerpo y que ir al baño se convierta en una preocupación constante.
Cuando la sensación persiste, no conviene asumir que simplemente quedan heces por expulsar. Es importante comprender qué está provocando esa percepción y cómo están funcionando las estructuras implicadas.
Una vez identificados los factores que pueden estar participando, la rehabilitación puede ayudar cuando existe un componente funcional relacionado con la coordinación, la musculatura, la sensibilidad, la gestión de las presiones o la forma de evacuar.
Objetivos del proceso de rehabilitación
Nuestro objetivo es ayudarte a comprender y regular mejor las señales procedentes de la región rectal y pélvica, mejorando la coordinación entre respiración, diafragma, abdomen y suelo pélvico.
Buscamos favorecer una evacuación más eficaz y confortable, disminuir los esfuerzos innecesarios y ayudarte a recuperar la confianza en las señales de necesidad de evacuar.
No siempre que sientes presión o ganas de volver al baño significa que tu recto necesite ser vaciado. Comprender de dónde procede esa sensación y aprender a gestionarla puede ayudarte a recuperar tranquilidad y confianza en tu cuerpo.
Prolapso rectal o de mucosa
Así lo siento, así lo vivo
La sensación de protrusión puede generar preocupación y hacer que modifiques tu forma de evacuar o evites determinadas actividades por miedo a que vuelva a aparecer.
¿Qué me está pasando?
El prolapso rectal se produce cuando una parte del recto se desplaza hacia el canal anal y puede llegar a exteriorizarse a través del ano.
En el prolapso de mucosa, el desplazamiento afecta principalmente a la mucosa que recubre el interior del recto, que puede protruir hacia el canal anal o exteriorizarse.
Ambas situaciones pueden relacionarse con cambios en la forma de evacuar y en la gestión de las presiones dentro del abdomen y la pelvis.
La función del suelo pélvico, la musculatura anal, el recto, el abdomen y el diafragma está estrechamente relacionada. La forma en la que respiramos, hacemos fuerza y gestionamos las presiones puede influir sobre las estructuras que sostienen y movilizan el recto.
La fisioterapia no recoloca anatómicamente un prolapso estructural, pero puede ayudar a mejorar determinados factores funcionales que pueden estar contribuyendo a su aparición, mantenimiento o progresión, y a optimizar la función defecatoria.
¿Por qué me ocurre?
El prolapso puede aparecer por la combinación de diferentes factores. No suele existir una única causa.
Puede estar relacionado con:
- estreñimiento mantenido y esfuerzo repetido durante la defecación
- dificultad para evacuar o alteraciones de la coordinación defecatoria
- aumento mantenido de las presiones abdominopélvicas
- dificultad para gestionar adecuadamente las presiones durante el esfuerzo
- alteraciones en la coordinación entre diafragma, abdomen y suelo pélvico
- cambios en la función y capacidad de respuesta del suelo pélvico
- embarazo y parto
- cirugías previas de la región pélvica o anorrectal
- cambios relacionados con la edad
- tos crónica u otras situaciones que aumenten repetidamente la presión intraabdominal
En algunos casos puede coexistir una disinergia defecatoria, que hace que la persona necesite realizar más esfuerzo para evacuar y puede contribuir a mantener un aumento de las presiones sobre la región rectal.
Por eso, además de valorar el prolapso desde el punto de vista médico, es importante comprender cómo estás evacuando y cómo gestionas las presiones abdominopélvicas durante las actividades cotidianas.
¿Cómo podemos ayudarte?
Antes de intervenir, necesitamos comprender cómo está funcionando tu sistema defecatorio y qué factores pueden estar influyendo sobre el prolapso.
Realizamos una valoración funcional individualizada de tus hábitos intestinales, forma de evacuar, esfuerzo, coordinación de la defecación, respiración y gestión de las presiones abdominopélvicas.
Cuando está indicado, podemos utilizar ecografía funcional y manometría anorrectal de doble balón para complementar la valoración. Estas herramientas también pueden utilizarse durante el proceso de rehabilitación como biofeedback, ayudándote a visualizar y comprender cómo responde tu musculatura y a aprender a mejorar la coordinación y la gestión de las presiones.
El proceso de rehabilitación puede incluir:
- educación sobre el funcionamiento del sistema defecatorio
- estrategias para disminuir el esfuerzo durante la evacuación
- trabajo sobre hábitos intestinales
- entrenamiento de la coordinación entre respiración, diafragma, abdomen y suelo pélvico
- aprendizaje de estrategias para gestionar las presiones abdominopélvicas
- trabajo específico de la musculatura del suelo pélvico cuando está indicado
- entrenamiento de la relajación cuando existe aumento del tono muscular
- biofeedback mediante ecografía funcional y/o manometría anorrectal
- trabajo sobre la coordinación defecatoria cuando existe una alteración funcional
- ejercicio terapéutico individualizado
- técnicas manuales cuando están indicadas
- adaptación progresiva de las actividades y esfuerzos
- coordinación con coloproctología y otros profesionales cuando sea necesario
Cuando existe un prolapso establecido, la valoración y seguimiento por coloproctología son importantes para determinar sus características y evolución. La fisioterapia se integra como parte del abordaje funcional.
¿Por qué es importante atenderlo?
Un prolapso puede modificar la forma de evacuar y llevar a realizar más esfuerzo, permanecer más tiempo en el baño o adoptar posturas y estrategias que no siempre favorecen una evacuación eficiente.
A su vez, el esfuerzo repetido y una mala gestión de las presiones pueden contribuir a mantener las molestias.
Atender estos factores puede ayudar a proteger la función del suelo pélvico y del sistema defecatorio, mejorar la evacuación y favorecer una mejor gestión de las actividades cotidianas.
Además, conocer cómo realizar esfuerzos, ejercicio, tos o movimientos cotidianos sin aumentar innecesariamente las presiones puede ayudarte a mantener una mayor confianza en tu cuerpo.
Objetivos del proceso de rehabilitación
Nuestro objetivo es ayudarte a mejorar la función defecatoria y aprender a gestionar de forma más eficiente las presiones abdominopélvicas, reduciendo los esfuerzos innecesarios.
Trabajaremos para mejorar la coordinación entre diafragma, abdomen, suelo pélvico y región anorrectal, favorecer una evacuación más eficiente y ayudarte a realizar tus actividades cotidianas con mayor seguridad.
Conocer cómo funciona tu cuerpo y aprender a gestionar mejor las presiones puede ayudarte a cuidar la función del suelo pélvico y a recuperar confianza en tus movimientos y en tu forma de evacuar.
Atención a prolapsos
Los prolapsos aparecen cuando las estructuras que sostienen los órganos de la pelvis pierden parte de su soporte y se produce un descenso de estas estructuras. Pueden afectar a diferentes compartimentos de la pelvis: anterior, apical o posterior. En algunas ocasiones aparece un único tipo de prolapso, mientras que en otras pueden presentarse varios compartimentos afectados al mismo tiempo, incluso los tres.
No siempre producen síntomas. Por eso, su valoración no debe depender únicamente de la presencia de molestias: incluso en fases iniciales, conocer cómo está funcionando el sistema puede ayudarnos a preservar su función y actuar sobre aquellos factores que pueden influir en su evolución.
La fisioterapia de suelo pélvico permite valorar el comportamiento de estas estructuras y trabajar la coordinación, la capacidad de respuesta y la gestión de las presiones durante el movimiento y las actividades cotidianas.
Tener un prolapso no significa tener que dejar de moverte. El objetivo es ayudarte a conocer tu cuerpo, gestionar las cargas y mantener una vida activa con confianza.
Prolapso de la pared vaginal anterior
Cistocele
Así lo siento, así lo vivo
No todas las personas con un prolapso tienen síntomas. Cuando aparecen, pueden ser muy diferentes y no siempre se relacionan únicamente con la sensación de bulto.
¿Qué me está pasando?
El prolapso de la pared vaginal anterior, conocido habitualmente como cistocele, aparece cuando la pared anterior de la vagina pierde parte de su soporte y la vejiga y/o la uretra pueden abombarse hacia ella.
El prolapso puede presentar diferentes grados y no siempre produce síntomas. Algunas personas pueden tener un prolapso objetivable en una exploración y no notar ninguna molestia.
Cuando sí aparecen síntomas, pueden estar relacionados con la sensación de peso o abultamiento, pero también con la función urinaria: aumento de la frecuencia o urgencia, pérdidas de orina o dificultad para vaciar completamente la vejiga.
Por eso, no debemos entenderlo simplemente como que «la vejiga se ha caído». Existe una relación entre los tejidos que sostienen los órganos pélvicos, el suelo pélvico y la manera en la que gestionamos las presiones durante la respiración, el movimiento y los esfuerzos.
¿Por qué me ocurre?
El prolapso suele aparecer por la combinación de diferentes factores y no por una única causa.
Pueden participar:
- embarazo y parto
- cambios relacionados con la edad y la menopausia
- alteraciones de los tejidos que proporcionan soporte a los órganos pélvicos
- estreñimiento y esfuerzo mantenido para evacuar
- tos crónica
- levantamiento frecuente de cargas
- determinados tipos de ejercicio o esfuerzos repetidos
- cambios en la función y capacidad de respuesta del suelo pélvico
- antecedentes de cirugía pélvica
- factores individuales relacionados con las características del tejido conjuntivo, como hiperlaxitud, determinados síndromes de Ehlers-Danlos u otros trastornos del tejido conectivo
Además, un suelo pélvico no tiene por qué estar simplemente «débil». Puede existir una disminución de fuerza, pero también dificultades para coordinar la musculatura, responder ante un aumento de presión o relajarse adecuadamente.
Por eso es importante valorar cómo funciona el suelo pélvico y cómo se comportan las estructuras pélvicas durante el movimiento y los esfuerzos, y no únicamente cuánto puede contraerse la musculatura.
¿Cómo podemos ayudarte?
Antes de intervenir, necesitamos comprender cómo está funcionando tu suelo pélvico y cómo se comportan las estructuras pélvicas durante las actividades que forman parte de tu vida cotidiana.
Realizamos una valoración funcional individualizada que puede incluir la exploración clínica del prolapso, habitualmente mediante el sistema POP-Q, y la valoración de la musculatura del suelo pélvico, la respiración, el abdomen, la movilidad y la gestión de las presiones durante diferentes esfuerzos.
La ecografía funcional en dinámica nos permite observar cómo se comportan las estructuras del suelo pélvico y los órganos pélvicos durante diferentes situaciones, como la contracción, la relajación, la tos o el esfuerzo. De esta manera podemos valorar el comportamiento funcional del prolapso y no únicamente su situación en reposo.
Además, la ecografía puede utilizarse durante el proceso de rehabilitación como herramienta de biofeedback, ayudándote a comprender y mejorar el control de la musculatura y su coordinación con la respiración y el movimiento.
El proceso de rehabilitación puede incluir:
- educación sobre el prolapso y su funcionamiento
- entrenamiento individualizado de la musculatura del suelo pélvico
- mejora de la fuerza, resistencia y capacidad de respuesta cuando sea necesario
- trabajo de coordinación entre respiración, abdomen y suelo pélvico
- aprendizaje de estrategias para gestionar los aumentos de presión durante los esfuerzos
- adaptación del ejercicio físico y de las actividades cotidianas
- trabajo sobre hábitos urinarios y defecatorios cuando están influyendo
- estrategias para disminuir el esfuerzo durante la evacuación
- entrenamiento funcional para trasladar el trabajo del suelo pélvico a las actividades de la vida diaria
- biofeedback mediante ecografía funcional
- otras técnicas de fisioterapia cuando estén indicadas
En algunos casos puede ser conveniente combinar la fisioterapia con otras opciones, como un pesario vaginal, o realizar un seguimiento con ginecología o uroginecología. El abordaje depende del grado del prolapso, los síntomas y las necesidades de cada persona.
¿Por qué es importante atenderlo?
Tener un prolapso no significa necesariamente que vaya a empeorar ni que necesites una intervención quirúrgica. Los prolapsos leves pueden no producir síntomas y, cuando existen molestias, existen diferentes opciones de manejo.
Sin embargo, cuando aparecen síntomas, es importante comprender qué está ocurriendo y aprender a gestionar las actividades que aumentan las molestias.
El prolapso puede acompañarse de síntomas urinarios, como dificultad para vaciar la vejiga, urgencia o pérdidas de orina, por lo que una valoración funcional permite contemplar el problema de una manera global.
También es importante evitar dos extremos: dejar de hacer cualquier esfuerzo por miedo a empeorar el prolapso o continuar realizando actividades que generan síntomas sin aprender a gestionarlas.
El objetivo es encontrar el equilibrio que permita mantener una vida activa y adaptada a las características de cada persona.
Objetivos del proceso de rehabilitación
Nuestro objetivo es ayudarte a comprender tu prolapso, mejorar la función de tu suelo pélvico y aprender a gestionar las presiones que recibe durante las actividades cotidianas.
Buscamos disminuir los síntomas, mejorar la función urinaria cuando está afectada y ayudarte a recuperar la confianza para moverte, hacer ejercicio y realizar tus actividades habituales.
Tener un prolapso no significa que tengas que dejar de moverte ni renunciar a una vida activa. Conocer cómo funciona tu cuerpo y aprender a gestionar las cargas puede ayudarte a vivir con mayor seguridad, autonomía y confianza.
Prolapso apical
Uterocele y prolapso de cúpula vaginal
Así lo siento, así lo vivo
No todas las personas con un prolapso apical tienen síntomas. La forma de percibirlo y su repercusión en la vida cotidiana pueden ser muy diferentes. También puede existir un descenso objetivable sin que la persona note ninguna molestia.
¿Qué me está pasando?
El prolapso apical aparece cuando las estructuras que sostienen la parte superior de la vagina y el útero pierden parte de su soporte y estas estructuras descienden hacia el canal vaginal.
Cuando el útero desciende, hablamos habitualmente de uterocele. Después de una histerectomía, el descenso puede afectar a la cúpula vaginal, dando lugar a un prolapso de la cúpula vaginal.
El prolapso puede presentar diferentes grados y no siempre produce síntomas. Algunas personas pueden presentar un descenso objetivable durante una exploración y no percibir ninguna molestia.
Cuando existen síntomas, pueden aparecer sensación de peso o presión pélvica, sensación de bulto, molestias durante determinadas actividades o cambios en las funciones urinaria, defecatoria o sexual.
No debemos entenderlo simplemente como que «el útero se ha caído». El soporte de los órganos pélvicos depende de la interacción entre músculos, fascias, ligamentos y tejidos conjuntivos, además de la forma en que gestionamos las presiones dentro del abdomen y la pelvis.
Por eso, para comprender un prolapso no solo debemos observar dónde se encuentran las estructuras en un momento determinado, sino también cómo responde todo el sistema durante el movimiento, la respiración y los esfuerzos.
¿Por qué me ocurre?
El prolapso apical suele ser consecuencia de la combinación de diferentes factores.
Pueden participar:
- embarazo y parto
- antecedentes de partos vaginales
- cambios relacionados con la edad y la menopausia
- alteraciones de los tejidos que proporcionan soporte a los órganos pélvicos
- estreñimiento y esfuerzo mantenido para evacuar
- tos crónica
- levantamiento frecuente de cargas
- determinados tipos de ejercicio o esfuerzos repetidos
- cambios en la función y capacidad de respuesta del suelo pélvico
- antecedentes de cirugía pélvica
- histerectomía previa, en el caso del prolapso de la cúpula vaginal
- factores individuales relacionados con las características del tejido conjuntivo, como hiperlaxitud, determinados síndromes de Ehlers-Danlos u otros trastornos del tejido conectivo
El suelo pélvico tampoco tiene por qué estar simplemente «débil». Puede existir una disminución de fuerza o resistencia, pero también dificultades para coordinar la musculatura, responder ante los aumentos de presión o relajarse adecuadamente.
Por eso es importante valorar cómo funciona el sistema en su conjunto y cómo se comportan las estructuras pélvicas durante el movimiento, la respiración y los esfuerzos.
¿Cómo podemos ayudarte?
Antes de intervenir, necesitamos comprender cómo está funcionando tu suelo pélvico y cómo se comportan las estructuras pélvicas durante diferentes situaciones.
Realizamos una valoración funcional individualizada que puede incluir la exploración clínica del prolapso mediante el sistema POP-Q, junto con la valoración de la musculatura del suelo pélvico, la respiración, el abdomen y la gestión de las presiones durante diferentes esfuerzos.
La ecografía funcional en dinámica nos permite observar el comportamiento de las estructuras pélvicas durante situaciones como la contracción, la relajación, la tos, el esfuerzo y el movimiento. Esto nos ayuda a conocer cómo se comporta el sistema funcionalmente y no únicamente cómo se encuentra en reposo.
Además, utilizamos la ecografía como herramienta de biofeedback, para que puedas comprender visualmente cómo responde tu musculatura y aprender a mejorar su coordinación y control.
El proceso de rehabilitación puede incluir:
- educación sobre el prolapso y su funcionamiento
- entrenamiento individualizado del suelo pélvico
- mejora de la fuerza, resistencia y capacidad de respuesta cuando sea necesario
- trabajo de coordinación entre respiración, abdomen y suelo pélvico
- aprendizaje de estrategias para gestionar los aumentos de presión
- adaptación del ejercicio físico y de las actividades cotidianas
- trabajo sobre hábitos urinarios y defecatorios cuando están influyendo
- estrategias para disminuir el esfuerzo durante la evacuación
- entrenamiento funcional para trasladar el trabajo del suelo pélvico a las actividades de la vida diaria
- biofeedback mediante ecografía funcional
- trabajo sobre movilidad y comportamiento de los tejidos cuando esté indicado
- otras técnicas de fisioterapia adaptadas a las necesidades de cada persona
La fisioterapia también puede ser útil cuando el prolapso se encuentra en fases iniciales, incluso aunque todavía no existan molestias. En estos casos, la valoración permite identificar cómo está funcionando el sistema de soporte y actuar sobre aquellos factores modificables que puedan influir en su evolución.
En algunos casos puede ser conveniente combinar la fisioterapia con otras opciones, como un pesario vaginal, o realizar un seguimiento con ginecología o uroginecología. El abordaje dependerá del grado del prolapso, los síntomas, las características de cada persona y sus objetivos.
¿Por qué es importante atenderlo?
Un prolapso no tiene por qué producir molestias para que sea importante valorarlo. Cuando existe un descenso de las estructuras pélvicas, incluso en fases iniciales y aunque no haya síntomas, podemos conocer cómo está funcionando el sistema de soporte y qué factores pueden estar influyendo en su comportamiento.
La atención temprana permite aprender a gestionar las presiones abdominales y pélvicas, mejorar la capacidad de respuesta del suelo pélvico y adaptar las actividades que puedan estar aumentando las cargas sobre la pelvis.
El objetivo no es esperar a que aparezca una sensación de peso, un bulto o dificultades urinarias, defecatorias o sexuales. La fisioterapia puede tener un papel desde los primeros estadios del prolapso, ayudando a preservar la función, mantener la actividad física y actuar sobre aquellos factores modificables que puedan favorecer su progresión.
Esto no significa que un prolapso vaya necesariamente a empeorar. Muchas personas permanecen estables durante años y no todas necesitan el mismo tipo de intervención. Por eso, la valoración individual permite establecer qué necesita cada persona y cuándo es necesario intervenir.
Además, atender un prolapso desde fases iniciales puede ayudar a evitar que el miedo al descenso lleve a reducir innecesariamente la actividad física. El objetivo no es evitar los esfuerzos, sino aprender a gestionar las cargas y adaptar el ejercicio y las actividades cotidianas a la situación de cada persona.
Objetivos del proceso de rehabilitación
Nuestro objetivo es ayudarte a comprender tu prolapso, mejorar la función de tu suelo pélvico y aprender a gestionar las presiones que recibe tu pelvis durante las actividades cotidianas.
Cuando existe un prolapso en fases iniciales, buscamos preservar la función y favorecer un adecuado comportamiento del sistema de soporte pélvico, actuando sobre aquellos factores modificables que puedan influir en su evolución.
Buscamos disminuir los síntomas cuando están presentes, mejorar las funciones que puedan estar afectadas y ayudarte a mantener o recuperar una vida activa con mayor seguridad y confianza.
Tener un prolapso no significa tener que renunciar a moverte, hacer ejercicio o disfrutar de tu vida cotidiana. Conocer cómo funciona tu cuerpo y aprender a gestionar las cargas puede ayudarte a mantener tu función y recuperar confianza y bienestar.
Prolapso del compartimento posterior
Rectocele
Así lo siento, así lo vivo
No todas las personas con un prolapso del compartimento posterior tienen síntomas. Puede existir un descenso objetivable durante una exploración y que la persona no perciba ninguna molestia.
Cuando existen síntomas, estos pueden estar relacionados con la sensación de presión o abultamiento, pero también con la función defecatoria. La forma en que cada persona lo percibe y su repercusión en la vida cotidiana pueden ser muy diferentes.
¿Qué me está pasando?
El prolapso del compartimento posterior aparece cuando las estructuras que forman y sostienen la parte posterior de la vagina pierden parte de su soporte y se produce un descenso hacia el canal vaginal.
Una de las formas más frecuentes es el rectocele, en el que la pared anterior del recto protruye hacia la vagina.
El prolapso puede presentar diferentes grados y no siempre produce síntomas. Algunas personas pueden presentar un descenso objetivable durante una exploración y no percibir ninguna molestia.
Cuando existen síntomas, pueden aparecer sensación de peso o presión, sensación de bulto, molestias durante determinadas actividades o dificultades relacionadas con la evacuación.
Estas dificultades pueden incluir sensación de evacuación incompleta, necesidad de realizar un esfuerzo excesivo, dificultad para iniciar o completar la evacuación o necesidad de utilizar determinadas maniobras para facilitarla.
No debemos entenderlo simplemente como que «el recto se ha caído». El funcionamiento del compartimento posterior depende de la interacción entre músculos, fascias, ligamentos, tejidos conjuntivos y las estructuras que participan en la defecación.
También es importante tener en cuenta cómo se coordinan el abdomen, el diafragma y el suelo pélvico y cómo se gestionan las presiones durante la evacuación y otros esfuerzos.
¿Por qué me ocurre?
El prolapso del compartimento posterior suele ser consecuencia de la combinación de diferentes factores.
Pueden participar:
- embarazo y parto
- antecedentes de partos vaginales
- cambios relacionados con la edad y la menopausia
- alteraciones de los tejidos que proporcionan soporte a los órganos pélvicos
- estreñimiento y esfuerzo mantenido para evacuar
- dificultades en la coordinación de la defecación
- aumento mantenido de las presiones abdominales y pélvicas
- tos crónica
- levantamiento frecuente de cargas
- determinados tipos de ejercicio o esfuerzos repetidos
- cambios en la función y capacidad de respuesta del suelo pélvico
- antecedentes de cirugía pélvica
- alteraciones de la función intestinal
- factores individuales relacionados con las características del tejido conjuntivo, como hiperlaxitud, determinados síndromes de Ehlers-Danlos u otros trastornos del tejido conectivo
El suelo pélvico tampoco tiene por qué estar simplemente «débil». Puede existir una disminución de fuerza o resistencia, pero también dificultades para coordinar la musculatura, responder ante los aumentos de presión o relajarse adecuadamente durante la defecación.
Por eso es importante valorar cómo funciona el sistema en su conjunto y cómo se comportan las estructuras pélvicas durante el movimiento, la respiración, los esfuerzos y la evacuación.
¿Cómo podemos ayudarte?
Antes de intervenir, necesitamos comprender cómo está funcionando tu suelo pélvico y cómo se comportan las estructuras pélvicas durante diferentes situaciones.
Realizamos una valoración funcional individualizada que puede incluir la exploración clínica del prolapso mediante el sistema POP-Q, junto con la valoración de la musculatura del suelo pélvico, la respiración, el abdomen y la gestión de las presiones durante diferentes esfuerzos.
Cuando existen dificultades defecatorias, también valoramos cómo se comportan las estructuras y la musculatura durante la evacuación y cómo se coordina el suelo pélvico con el abdomen y el diafragma.
La ecografía funcional en dinámica nos permite observar el comportamiento de las estructuras pélvicas durante situaciones como la contracción, la relajación, la tos, el esfuerzo y el movimiento. Además, utilizamos la ecografía como herramienta de biofeedback, para que puedas comprender visualmente cómo responde tu musculatura y aprender a mejorar su coordinación y control.
El proceso de rehabilitación puede incluir:
- educación sobre el prolapso y su funcionamiento
- entrenamiento individualizado del suelo pélvico
- mejora de la fuerza, resistencia y capacidad de respuesta cuando sea necesario
- trabajo de coordinación entre respiración, abdomen y suelo pélvico
- aprendizaje de estrategias para gestionar los aumentos de presión
- reeducación de la coordinación durante la defecación
- aprendizaje de una postura y estrategia defecatoria adecuada
- estrategias para disminuir el esfuerzo durante la evacuación
- trabajo sobre hábitos intestinales cuando están influyendo
- adaptación del ejercicio físico y de las actividades cotidianas
- entrenamiento funcional para trasladar el trabajo del suelo pélvico a las actividades de la vida diaria
- biofeedback mediante ecografía funcional
- trabajo sobre movilidad y comportamiento de los tejidos cuando esté indicado
- otras técnicas de fisioterapia adaptadas a las necesidades de cada persona
La fisioterapia también puede ser útil cuando el prolapso se encuentra en fases iniciales, incluso aunque todavía no existan molestias. En estos casos, la valoración permite identificar cómo está funcionando el sistema de soporte y actuar sobre aquellos factores modificables que puedan influir en su evolución.
En algunos casos puede ser conveniente combinar la fisioterapia con otras opciones, como un pesario vaginal, o realizar un seguimiento con ginecología, uroginecología o coloproctología. El abordaje dependerá del grado del prolapso, los síntomas, las características de cada persona y sus objetivos.
¿Por qué es importante atenderlo?
Un prolapso del compartimento posterior no tiene por qué producir molestias para que sea importante valorarlo. Cuando existe un descenso de las estructuras pélvicas, incluso en fases iniciales y aunque no haya síntomas, podemos conocer cómo está funcionando el sistema de soporte y qué factores pueden estar influyendo en su comportamiento.
La atención temprana permite aprender a gestionar las presiones abdominales y pélvicas, mejorar la capacidad de respuesta del suelo pélvico y modificar aquellos factores que puedan estar aumentando las cargas sobre la pelvis.
En el caso del rectocele, además, es especialmente importante observar cómo se está produciendo la evacuación. Realizar esfuerzos mantenidos o una mala coordinación durante la defecación puede aumentar las presiones sobre el compartimento posterior, por lo que aprender a evacuar de forma más eficiente forma parte de la rehabilitación.
El objetivo no es esperar a que aparezcan dificultades para evacuar, sensación de evacuación incompleta, necesidad de realizar maniobras o sensación de bulto. La fisioterapia puede tener un papel desde los primeros estadios del prolapso, ayudando a preservar la función y actuando sobre aquellos factores modificables que puedan favorecer su progresión.
Esto no significa que un rectocele vaya necesariamente a empeorar. Muchas personas permanecen estables durante años y no todas necesitan el mismo tipo de intervención.
También es importante evitar que el miedo al rectocele lleve a restringir innecesariamente la actividad física o a evitar hacer cualquier esfuerzo. El objetivo no es evitar las cargas, sino aprender a gestionarlas y adaptar el ejercicio y las actividades cotidianas a la situación de cada persona.
Objetivos del proceso de rehabilitación
Nuestro objetivo es ayudarte a comprender tu prolapso, mejorar la función de tu suelo pélvico y aprender a gestionar las presiones que recibe tu pelvis durante las actividades cotidianas y la defecación.
Cuando existe un prolapso en fases iniciales, buscamos preservar la función y favorecer un adecuado comportamiento del sistema de soporte pélvico, actuando sobre aquellos factores modificables que puedan influir en su evolución.
Cuando existe una alteración de la función defecatoria, buscamos mejorar la coordinación entre el abdomen, el diafragma y el suelo pélvico para facilitar una evacuación más eficiente y reducir el esfuerzo innecesario.
Buscamos disminuir los síntomas cuando están presentes, mejorar la función defecatoria y las demás funciones que puedan estar afectadas y ayudarte a mantener o recuperar una vida activa con mayor seguridad y confianza.
Tener un rectocele no significa tener que renunciar a moverte, hacer ejercicio o disfrutar de tu vida cotidiana. Conocer cómo funciona tu cuerpo y aprender a gestionar las cargas y la defecación puede ayudarte a mantener tu función y recuperar confianza y bienestar.